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	<title>Política Archivos | www.antoniomachado.net</title>
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	<description>Dr. Antonio Machado. Biólogo multiuso (Entomología, Conservación de la Naturaleza, Política ambiental, etc.) con sede en las islas Canarias</description>
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	<title>Política Archivos | www.antoniomachado.net</title>
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		<title>AL ENEMIGO, LA LEY</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2024 18:43:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>l Yo estudié en un colegio alemán, y eso marca. La educación germana se basa en el orden, el sentido [&#8230;]</p>
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<h1 class="wp-block-heading">l</h1>

<p>Yo estudié en un colegio alemán, y eso marca. La educación germana se basa en el orden, el sentido del deber y de lo correcto. Por eso, cuando me topé con un proverbio español muy particular: «Al enemigo, la Ley», quedé francamente desconcertado. ¿Cómo vas a desearle a tu enemigo La Ley, si las leyes son algo bueno, el epítome de la civilización? Algo no cuadra.    </p>

<p>Con los años acabé por entender algo de leyes, a pesar de dedicarme profesionalmente a las ciencias. Aprendí a distinguir entre lo indeterminado y lo arbitrario. Una indeterminación jurídica es algo no deseable, pero válido y frecuente. El juez siempre tendrá vías de concretar lo no concretado recurriendo a consulta de expertos o al sentir ciudadano. Por ejemplo,&#8230;»si se produce un daño significativo»    </p>

<p>Una ventana a la arbitrariedad, sin embargo, es algo que una ley debe evitar a toda costa, pues no hay modo de concretar lo que pretende la norma,, sino que quedará a criterio del titular de la resolución. Por ejemplo: «&#8230; no se podrá construir si perjudica a la comunidad a juicio del Ayuntamiento.» Dicho juicio queda liberado, no se fijan criterios, ni siquiera se le exige una resolución razonada. En definitiva, se abre la puerta a la arbitrariedad, una temible arma política ante la que todo ciudadano queda indefenso..   </p>

<p>Por absurdo que parezca, un análisis detallado de nuestra legislación revelará que está minada de clausulas que habilitan las arbitrariedades. Y esto no puede ser el resultado de mera chapuza. Cabe sospechar que dichas cláusulas se han sembrado estratégicamente para ser usadas como arma política. Quizás todo ello tenga su origen en el hecho de que la mayoría de nuestras leyes las prepara el poder ejecutivo antes de ser remitidas al legislativo. La tentación de dotarse de un instrumento tan contundente para castigar o premiar a voluntad es ciertamente poco democrática, pero muy humana. Y la cosa ha de venir de bien lejos, como para haber hecho mella en nuestro nuestro refranero: «Al enemigo, la Ley».     </p>

<p>En este mismo contexto me viene al recuerdo un texto de Eduardo García de Enterría que leí hace años: «La Lucha contra las inmunidades del poder». Es breve. Lo recomiendo.  </p>

<p></p>

<p></p>
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		<title>DÍA DE LA CONSTITUCIÓN, DÍA PARA SOÑAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Dec 2016 17:14:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En estos tiempos de zozobra intelectual y vapuleo de los principios democráticos bajo la presión de los intereses de partido, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En estos tiempos de zozobra intelectual y vapuleo de los principios democráticos bajo la presión de los intereses de partido, de las miserias locales, o por mero acojone mediático, es momento de recordar que el 6 de diciembre, día de la Constitución, es más que un día festivo. Es un día para soñar.</p>
<p>Los españoles nos hemos dotamos de una Constitución; sentamos las bases de un estado de derecho, y lo venimos intentando con un pueblo que, esencialmente, no es democrático. Esto lo convierte en tarea difícil, y de ahí los trompicones y desatinos.  El tribalismo ínsito a las personas no cambia de la noche a la mañana, y menos en tiempos de crisis y miedos que azuzan los instintos más protectores: primero lo mío, luego lo tuyo, y después los otros. El progreso en cotas de civilización va en sentido contrario, y es un proceso de racionalismo que reclama tiempo y maceración. El camino es largo, pero es la mejor ruta que conocemos hacia una convivencia en positivo, sin malas babas y sin resentimientos gremiales, de clase, o históricos. La ‘ciudadanía’ que nos ofrece la Constitución es un sueño que inspira a quienes comprenden su significado y calado, y hacia él han de ir nuestros esfuerzos, procurando que aflore la igualdad -sin matices- de entre tanto nacionalismo excluyente o igualitarismo demagógico. Sé que el empeño es como querer leer un periódico un día de viento. Pero hay que perseverar…</p>
<p>Ojalá que los cambios que se avecinan con nuestra realidad parlamentaria, sirvan para retocar algunos flecos de la Carta Magna que permitieron el consenso allá en 1978, pero que ahora resultan cuanto menos incómodos. Sí, ojalá lo consigamos en positivo y sin adulterar los principios democráticos que atesora, y que hacen de nuestra Constitución el bien presente más preciado que, como conjunto de seres humanos, hemos sabido otorgarnos. Sigamos soñando, pues, como ciudadanos, y brindemos hoy por nuestra Constitución: ¡Feliz cumpleaños!&#8230; y que cumplas muchos más.</p>
<p>Antonio Machado Carrillo (afiliado de UPyD)</p>
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		<title>¿POR QUÉ EUROPA?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 May 2014 19:24:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/es/por_que_europa/">¿POR QUÉ EUROPA?</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net/es/">www.antoniomachado.net</a>.</p>
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			<p>Para mucha gente de mi generación, nacida en el 53 y aledaños, Europa era un referente foráneo. Los europeos eran otros, no nosotros. Se hablaba de España y de Europa, con los Pirineos separando ambos universos como una muralla montañosa e impenetrable, que así la dibujaban en los mapas que colgaban en la pared de la escuela. Fui de los afortunados que ya siendo adolescente pude viajar a Alemania o Inglaterra por cuestión de estudios. En los años sesenta y setenta no era tan sencillo ni habitual cruzar el charco como lo es ahora, y la mayoría que lo hacía iba en busca de trabajo. Trabajo, ese bien que vuelve a escasear en los tiempos que corren.</p>
<p>Allí vi y conviví con los europeos, y a pesar de no tener problemas con el idioma, eran muchas las diferencias de bienestar, de higiene y las maneras de hacer las cosas, como para no reafirmar esa sensación o complejo de ser distinto, de ser menos, de venir de extramuros, extramontañas o extraocéanos.</p>
<p>Mi primer encuentro con la Europa que llevamos dentro fue de la mano de Salvador de Madariaga, un pensador que escribía cosas muy lúcidas en sus obras Prohombres y Procosas. Así, al asistir a una reunión técnica en el Consejo de Europa, en Estrasburgo, tuve una grata sorpresa al toparme con su busto a la entrada de la sala de conferencias. Mucho reflexioné sobre lo que había leído suyo, el lugar dónde estaba, y lo que yo pintaba allí. Y tras la intensa metamorfosis que se generó en mi cerebro, decidí agradecido ir a comprar un clavel rojo y depositarlo al pie de su efigie. Por cierto, que el humilde homenaje me costó una cifra escandalosa; un solo y simple clavel de los que a patadas se cultivaban entonces en mi isla.</p>
<p>Para entender Europa hay que mirarla como una flecha en el tiempo, con perspectiva histórica y no solo territorial. Decía don Salvador, que en su seno, con toda la suerte de gente distinta, idiomas, y formas de entender la vida, se ha amalgamado una cultura muy potente capaz de producir las ideas más bestias de la historia – y señalaba el genocidio metódico perpetrado por los nazis– y las ideas más avanzadas de civilización y racionalidad aplicadas al bien común, con la Revolución francesa y la Ilustración a la cabeza. Todo ello, y de ahí su valía, en un mismo espacio a la vez convulso y manso, unitario y diverso, esclavista y solidario … vital, en definitiva. A pesar de tanta trifulca, ahí sigue Europa navegando, capeando temporales, innovando y esparciendo su luz, la del intelecto, por toda su geografía y más allá de sus fronteras.</p>
<p>Me viene también al recuerdo unas palabras de Fernando Ordoñez, quien fuera Ministro de Asuntos Exteriores, dichas a la prensa en Barajas, de regreso de un viaje a África.: “¡Qué calentito se está en Europa!” – Fue su primer comentario a pie de avión y en medio de un aguanieve tremendo. Quienes hemos palpado la miseria que campa en determinadas regiones del mundo, entendimos esas palabras sentidas, nacidas quizás del horror contemplado.</p>
<p>Puestos a elegir, no me cabe la menor duda. Elijo Europa, consciente de lo que ha sido, lo que es hoy y del potencial que siempre tendrá por ser precisamente tan diversa y compleja. Y también tengo presente el privilegio que es vivir en la Comunidad Europea. Por eso, ahora me rilla cuando oigo hablar de España y de Europa como si fueran cosas distintas, como si siendo lo primero no se fuera lo segundo; lo mismo que Canarias es España, o Tenerife es Canarias.</p>
<p>Próximo el día fijado para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo, debería estar ayudando a hacer campaña a los compañeros del partido en el que, ya mayor, he decidido militar como simple praxis cívica. Sin embargo, aparte de escribir estas líneas, voy a comprar un pincel y pintura de colores. Tengo en casa una matruska traída de Rusia; una de esas muñecas de madera que se abre por la mitad y dentro tiene otra más pequeña y así otra y otra, hasta la más enanita. Empezaré por esa última y le dibujaré los colores de mis isla; blanco y azul; la siguiente con la bandera canaria; luego irá la roja y gualda de España; después la azul de Europa con todas sus estrellitas, y para las dos que quedan, esbozaré primero la superficie de los mares y continentes del planeta, nuestra biosfera, y acabaré con la pieza más grande, pintándola toda oscura y con puntitos representando las estrellas y galaxias del Cosmos.</p>
<p>Así me veo como ciudadano y asumo mi esencia política multiescalar. Esas personas que separan una de las muñecas y se olvidan de las demás, o incluso se empecinan en enfrentarlas entre sí, solo pueden estar posesas por el tribalismo, un instinto importante en nuestra historia como humanos, pero a superar en aras a lo que hemos dado en llamar civilización. Y lo civilizado ahora y siempre, es acudir a votar, sea la que sea la muñeca que redobla el tambor.</p>

		</div>
	</div>
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		<title>POLÍTICA AMBIENTAL PARA CANARIAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Feb 2014 22:20:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/es/claves-para-una-politica-ambiental-especifica-para-las-islas-canarias/">POLÍTICA AMBIENTAL PARA CANARIAS</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net/es/">www.antoniomachado.net</a>.</p>
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			<p>Las islas Canarias cuentan con un territorio limitado, ecológicamente frágil, rico en biodiver­sidad y superpoblado, en el que más de la mitad de la superficie de algunas islas se encuentra bajo régimen jurídico de especial de protección. Estas circunstancias no se dan en territorios continentales y exigen una especial atención y comprometida voluntad política para conjugar las necesidades de desarrollo de la población con la conservación de los recursos naturales y el paisaje insular, que son además de señas de identidad propia, el soporte de la principales actividades económicas de esta comunidad autónoma: el turismo y la agricultura.</p>
<p>A tal fin, las políticas públicas en material ambiental deberían guiarse por los siguientes principios:</p>
<ol>
<li>No ocupar nuevo territorio natural para ubicar usos que pueden encajar en otras zonas ya alteradas y en desuso.</li>
<li>Defender la singularidad del paisaje isleño, regulando el aprovechamiento publicitario que lo afecta, y desincentivando el empleo de modelos constructivos y clichés propios de otras culturas (caribeña, etc.).</li>
<li>Optimizar el uso urbano y agrícola del agua y su reutilización a través de tecnologías apropiadas, así como combatir los sistemas de distribución defectuosos.</li>
<li>Fomentar estrategias de bajo consumo energético y favorecer el desarrollo y uso de las energías limpias, sin perjuicio de la debida consideración del impacto de sus infraestructuras en el paisaje.</li>
<li>Planificar y gestionar los residuos a escala insular.</li>
<li>Revisar los niveles de protección atribuidos a las especies silvestres de Canarias con criterios técnicos y dando audiencia a las personas potencialmente afectadas por las aplicación de las medidas de protección requeridas.</li>
<li>Reforzar las medidas para impedir la introducción de nuevas especies exóticas invasoras y explicar su riesgo potencial en los principales puntos de entrada a las islas.</li>
<li>Fomentar la capacitación técnica de los responsables de patrimonio natural y asuntos ambientales en las instituciones canarias.</li>
<li>Mantener la red de parques nacionales bajo la tutela de la máxima autoridad legislativa del Estado.</li>
<li>Organizar la monitorización ecológica del medio terrestre y del marino en el marco de las políticas europeas sobre patrimonio natural, calidad de las aguas, y de la estrategia marina.</li>
<li>Simplificar el maquis legislativo existente en materia urbanístico-ambiental y de conservación.</li>
<li>Exigir a las autoridades responsables la definición de políticas ambientales expresas y públicas, con objetivos claros verificables, y con el compromiso de dar cuenta de los resultados obtenidos de modo periódico.</li>
</ol>
<p>La cuestión es que una democracia no puede prosperar con un mínimo de dignidad sobre un territorio que no tenga perspectivas ecológicas de futuro.</p>

		</div>
	</div>
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		<title>DE LOS GOBIERNOS INSULARES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 1992 17:21:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los hechos parecen indicar que se va a abrir de nuevo el debate sobre el modelo institucional de Canarias y, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/es/de-los-gobiernos-insulares/">DE LOS GOBIERNOS INSULARES</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net/es/">www.antoniomachado.net</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Los hechos parecen indicar que se va a abrir de nuevo el debate sobre el modelo institucional de Canarias y, en particu­lar, el papel que deben jugar los cabildos insulares. Algunos cabildos han expresado ya abiertamente en diversos foros y modos su apetencia por constituirse en auténti­cos gobiernos insulares. ¿Es legítimo?, ¿es viable?, ¿es sensato?</p>
<p>Actualmente, los cabildos son elegidos por sufragio democrático, lo cual es del todo correcto para un órgano de la Administración Local. Lo mismo ocurre con los ayuntamientos. La única pregunta que cabe formularse en este contexto es, si el actual esquema cabildo/ayuntamientos es el más eficiente y si la Hacienda Pública lo puede seguir costeando en los términos presentes. Además, parece razonable que en un futuro próximo cada Administración se ocupe de recaudar —y luego emplear— lo que le corresponde. Tampoco se puede descartar la posibilidad de que, por razones estrictamente funcionales, hubiera que plantearse la necesidad de eliminar algún cabildo o, por el contrario, concentrar varios ayuntamientos en determinadas comarcas o islas. Las penurias económicas que se avecinan se encargarán de abrir esta llaga. Pero este es otro debate.</p>
<p>El tema focal de la discusión emergente es si los cabildos pueden seguir adquiriendo más competencias y presupues­tos dentro del actual esquema institucional sin conculcar el sistema democráti­co. Y si lo que parece pretenderse en definitiva, el acabar como gobiernos insulares bien a resultas de este proceso, o de otro modo, es legítimo y constitucio­nal.</p>
<p>Las reglas democráticas establecen que el Gobierno lo nombra el Parlamento (electo), de modo que éste controlará a aquél. O sea, que el Gobierno responde siempre ante el Parlamento y se ve sometido a control presupuestario y, eventualmente, a los votos de censura. Si se pretendiese asignar tal función de ejecutivo —insular, obviamente— a los cabildos, las preguntas obligadas son: ¿ante quién responde el gobierno insular? ¿ante el Parlamen­to?; ¿quién va a controlar su presupuesto? ¿los votantes?. Acabaría­mos casi seguro con un absurdo, pues es antinatura en una democra­cia que el ejecutivo sea elegido directamente por votación popular.</p>
<p>De todas maneras, hay razones de lógica territorial y eficiencia administrativa (y también históricas) para que los cabildos se conformen como un «ejecutivo» para la isla. Esto se conseguiría, tal vez, convirtiendo a los cabildos en órganos territoriales del ejecutivo autonómico. Sus presidentes —o el nombre que se les quisiera dar— serían nombrados por el ejecutivo regional. Siendo así, no habría que transferir competencia alguna, pues éstas se ejercerían de manera sustantiva por un órgano que sería territo­rial, de una misma y única Administra­ción. Hay materias que se pueden llevar descentralizadamente (=insularizadamente) sin mayor requerimiento que cierta planifi­cación y coordinación regional (=interinsular). Tal sería el caso de agricultura, turismo, política territorial, etc. Otras materias, obviamente, parecen requerir una gestión unificada: hacienda, educación, etc.</p>
<p>No obstante, un esquema así tampoco sería del todo satisfac­torio, pues se perdería casi seguro ese componente «territorial de gobierno» que, en una región tan determinísticamente fragmen­tada como es un archipiélago, parece ser no solo una legítima aspiración del «insularismo», sino también una demanda de sensatez y mesura democrática.</p>
<p>Es muy posible que tal función sea imprescindible para construir un futuro más equilibrado en Canarias, pero debería ubicarse en el sitio que aparentemente le corresponde: el Parlamento. Si quisiéramos que el actual sistema autonómico mejorase con el aporte de una componente territorial-insular para tamponar las obvias desviaciones que hoy se pueden producir (¡y se producen!) con el esquema parlamentario vigente, habría que crear probablemente una segunda cámara, territorial, con peso específi­co (= no de adorno). Es ahí donde tendrían cabida los «represen­tantes electos por la isla» y donde dicha representati­vidad ejercería su necesaria y legítima función de manera democrática. El cómo hacerlo, sería cuestión de detalle y de habilidad.</p>
<p>A. Machado</p>
<p>Santa Cruz de Tenerife, junio 1992</p>
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		<title>ECONOMÍA: EUROPA Y CANARIAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Dec 1991 08:02:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Acabo de asistir en Sitges a unas jornadas sobre Las regiones mediterráneas en una Europa sin fronteras (28-30 de noviembre [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de asistir en Sitges a unas jornadas sobre <em>Las regiones mediterráneas en una Europa sin fronteras</em> (28-30 de noviembre de 1991).  Las jornadas fueron intensas, densas y útiles para palpar el interés despertado por el surgimiento del llamado ”arco mediterráneo” o “arco latino” y sus perspectivas económicas en el marco de la CEE. No soy economista, y precisamente por ello, me gustaría dejar constancia de las impresiones y de algunas ideas que las jornadas me han sugerido.</p>
<p>El conjunto de las ponencias fueron quizás excesivamente «economicistas» y con un sesgo tal vez académico, más enmarca­das en el ejerci­cio analítico y especulativo, que en el com­promiso propositi­vo formal (hubo excep­ciones). Por más, la Economía, tal cual allí se manifestó, se me antoja como una «ciencia laminar» capaz de encontrar la congruencia e interre­laciones perfectamente or­questadas en un estrato o capa, dejando completamente al margen los demás aspectos de la realidad. Es como quien anali­za la rela­ción del fuego con el calor, el humo y la luz que despide; explica y predice cómo funciona el sistema, pero no entra en quién puso la leña y porqué le prendió fuego. Lo que en muchos análisis económicos se toma como origen o causa de lo que luego se estudia e interpreta, es en realidad el efecto de otras causas previas, generalmente de otra cualidad, y en las que a menudo radica el <em>quid</em> del sistema. Esta capaci­dad de integrar y hacer encajar todo en una lógica —economé­trica las más de las veces— tras simplificar excesivamente los parámetros involucrados, conduce a errores de fondo. Lo que no es más que una <u>lectura </u>«estrati­gráfica y limitada de la reali­dad, se llega a interpretar como la esencia misma de ella, y se decide en consecuen­cia.</p>
<p>Toda cultura, evento o modelo social tiene una lectura económica. Lo malo, a mi ver, es que de tanto practicarla, Occidente ha cambiado las ternas y convertido a la Economía en la propia razón de ser; en una cultura en sí misma.</p>
<p>Esta filosofía desviada quedó reflejada en las jorna­das. En sus exposiciones, los representantes comunitarios conside­ra­ron solo los modelos tendenciales de la economía europea; es decir, aquéllos que se ven favorecidos por la mayor efi­ciencia monetaria (hay algo de razón en hablar de la Europa de los mercaderes). Para salir de los desequili­brios existentes lo que nos sugieren es favorecer y promover más los mecanismos que más producen y así ellos, por arrastre, se encargarán de levantar la situa­ción de los sectores o territorios hoy menos favorecidos. En resumen, más infra­estructuras <em>hard</em> y un fuerte impulso político hacia la derecha clásica. Además, el análi­sis resultó excesiva­mente endogámico. No se consideraron, por ejem­plo, cuáles eran los escena­rios en el entorno extra-euro­peo, ni si la política de continuar impulsando la maquina­ria pro­ducti­vis­ta-consumista se puede mantener por mucho tiempo, aun a pesar de la situa­ción de privilegio que viven los países euro­peos.</p>
<p>El tema ambiental surgió en los discursos programáticos como algo siempre muy importante, pero luego nunca se incorpo­ró a los parámetros empleados. Lo único interesante fue detectar y reconocer un componente territorial en la política industrial. ¡A buenas horas! En general, el medio ambiente fue pura boquilla o, simplemente, falta de datos o ignorancia sobre como incorporarlo a sus formulaciones. Sirvan de muestra dos ejemplos:</p>
<p>Una profesora catalana planteó la conveniencia de promo­cionar los «sistemas locales de empresas» (=conjunto de Pymes semi­coordinadas) pues se había demostrado que eran competitivas respecto de las grandes empresas porque explota­ban mejor ciertas deseconomías. Sin embargo, no se percató de que tales deseconomías pudieran ser precisamente las ambienta­les. En los tratamientos anticontaminación también existe un factor de escala que hace viable la aplicación de estas medi­das. En otras palabras, podría darse con facilidad el caso de sistemas locales de empresas que individualmente no rebasasen los requisitos ambientales, pero que, en su conjunto, fuesen del todo conta­minantes e indeseables. La mayor competitividad a que aludía la ponente radicaría con seguridad en el ahorro de medidas anticontaminantes a costa del sector público.</p>
<p>El problema de las migraciones externas e internas en la CEE se abordó desde la óptica exclusivamente laboral: exceso y demanda de oferta de trabajo y las demás reglas que, teórica­mente, operan en este contexto. Se pasó por alto el hecho de que muchos traslados de familia están teniendo lugar debido a factores estrictamente ambientales (1/3 en los EEUU) y que una mejor calidad ambiental es aceptada ya por muchas personas como valor añadido a su salario. Tampoco percibí preocupación alguna por la fragilidad eco-social europea, que crece a medida que aumenta la probabilidad de que se produzcan catás­trofes ambientales que originarían migraciones disruptivas de consecuencias impredecibles.</p>
<p>¿Y Canarias?</p>
<p>El panorama que nos presentaron del futuro desarrollo de Europa no es muy halagüeño para Canarias. Cierto es que los escenarios discuti­dos fueron solo los tendenciales y que todavía hay muchas incertidumbres en el horizonte (Maastrich, Conferencia de Río, guerra civil soviética, etc) como para admitir que éstos sean los más probables.</p>
<p>Aun así, se aceptó que Europa (CEE) va a seguir más o menos por los derroteros ya señalados, y éstos apuntan hacia la conso­lidación del eje de desarrollo Liverpool-Munich, y a lo sumo, a la aparición de un nuevo eje centrado en Milán-Toulou­se-Barcelo­na. La mayoría de las ponencias se centraron en discu­tir el largo (¿Sevilla?, ¿Roma?) y ancho (¿Madrid?) de este «arco latino», y por más que señalaron repetidas veces a la <u>cultura</u> como la infraestructura principal en todo sistema de despegue económi­co, todas las propuestas hechas convergie­ron sobre infraes­tructu­ras «físicas»; carreteras y ferrocarril básica­mente (y también algo las comunicaciones).</p>
<p>Canarias está en una situación ultra-periférica. Creo que sería una política absurda intentar meternos en el corazón de la campana de Gauss europea. Por mucho que se acorten las distan­cias entre los diferentes miembros europeos, nuestra ubicación de «cola de Gauss» no hay quien nos la quite. Sería un error estratégico plantearnos una integración estilo «Ba­leares en la Europa del año 2000». Me parece prefe­rible abor­dar una incorporación <em>sui generis,</em> algo así como «Canarias, con la Europa del año 2000»; hacer uso precisa­mente de la condi­ción de ultrape­riferia y especia­lizarnos en esta cuali­dad. Sacar provecho de las singularida­des reales y abun­dar en ellas en el seno de una Europa que se autodefine, como de la Europa de las regiones y la diversidad.</p>
<p>Siempre he entendido a Europa como una singular inercia histórica y como norte cultural a los que no debemos renun­ciar. Las nuevas tecno­logías en materia de comuni­caciones pueden cierta­mente acercar las islas a la dinámica europea, pero pensar en una integra­ción en las redes económi­cas de Europa parece una fala­cia. Creo que es preferible adoptar una política de haus­to­rio.Los haustorios son unos tubos conectores que emiten algunas plantas y hongos parásitos y que «enchufan» a las células de las plantas huéspedes, obteniendo de ellas los elementos nutritivos necesarios para construir sus propios tejidos</p>
<p>Esta opción de «parasitismo inteligente» ha de practicar­se con cautelas para no dañar al huésped (cosa poco probable) o para herir las susceptibilidades. Permi­tiría construir con piezas externas el tejido propio acorde a nues­tra idiosincrasia, reforzando a la vez nuestras singulari­dades. Las estrategias parasitarias se pueden adoptar sin tener que se uno un parásito. En realidad, nuestra rela­ción sería a lo más semi-parasi­ta­ria o simbiótica, por cuanto Canarias es parte de Europa (=derecho a enchufar el haustorio) y no puede ser vista como un organismo extraño. A cambio, ahí queda nues­tra posición de avance europeo en el Atlántico, centro vaca­cional con estándares comunitarios, etc.</p>
<p>Tal planteamiento no es del todo descabellado y, de hecho, en alguna reunión comunitaria sobre la que nos hablaron en la mesa redonda final, se barajaron otros escenarios además del tendencial. Uno de ellos, alternativo, consistiría en el funcionamiento de dos polos adicionales o focos de desarrollo como puentes hacia las zonas que han quedado colgadas: uno para el sur (polo en Sevilla) y otro para el norte (polo en ¿Moscú?). Este esquema no cambiaría mucho la actual situación de Canarias.</p>
<p>Otra pro­pues­ta, las más interesante, fue el «modelo de la di­versi­dad»: una Europa con multitud de puntos de desa­rro­llo pequeños y hete­rogéneos, que sería sin duda más sus­tentable cultu­ralmente y quizás también ecológicamente. Es el modelo más utópico, pero Canarias debería apoyarlo pues es el que más converge con los intereses globales de regiones archi­pelágicas diferenciadas y distanciadas.</p>
<p>Santa Cruz de Tenerife, 5 diciembre 1991</p>
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		<title>ENVIRONMENTAL RIGHT OF FUTURE GENERATIONS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Sep 1987 10:07:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Man has achieved in last decades the capacity of modifying the environment and using natural resources in such a way [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Man has achieved in last decades the capacity of modifying the environment and using natural resources in such a way that endangers not only people living today, but the people of tomorrow. Almost all the countries that compromise many natural resources are the developed ones with democratically elected governments. That gives, at least, the people of today a chance to defend their rights for a better environment but, ¿what about future generations?</li>
</ul>
<p>In the play of democracy the government hast the power and rules, and the opposition wants that same power to rule, differently, of course. Parties promoting a moderation in consumption and big changes have little chance of gaining the power in today`s society of abundance. People’s tendency is generally to want more, not less. On the other hand, people with strong sensitivity to the environment or sufficiently afraid of actual environmental threats are still a minority. Therefore, parties aiming to rule under ecologically sound principles will still be a minority for long time or, at least, till humankind gets really scarce by drastic environmental catastrophes. There is also some fear against eco-fascism</p>
<p>Most people vote what they want for themselves on an egoistic level, sometimes considering their “neighbors” but, almost never thinking of the fate of those who are not even born. Moreover, mass media and oversaturation of human calamities have eroded people’s sensibility. That is well known by politicians. They owe their voters. If they promote a policy of reductions, restrictions and removal or resources for the benefit of “somebody else” in the future, they will have difficulty keeping their political seats.</p>
<p>Few parties have internalized their electoral promises regarding the environment. Economic inertia and cost of losing voters when the captivating promise becomes a cruel truth, favors acceptance of a pragmatic moral, and they forget.</p>
<p>So, if the environmental component in major political programs tends to be cornered by inertia of economic factors, and the global environmental programs are still a long ways from being adopted because of little maturity in Biosphere management, what chances have future generations?</p>
<p>We have to deal and cope with our own decisions. They may come from the majority or, at the world level, most probably from a few industrialized countries. That is a matter of international solidarity and generalized responsibility regarding the Biosphere, already discussed in other places. My point here is to consider the trans-generational moral which is heartily needed an which should be present at all instances of political decision, from the town hall to international for a.</p>
<p>What if we would have members of town halls, regional governments or parliaments representing and defending only the rights of people of future generations? What if we would have at least one. They would have additional possibilities to achieve long-term environmental goals:</p>
<ol>
<li>They do not seek the power in so far they do not belong to a party who wants to govern.</li>
<li>Their objective is to mould and buffer the exercise of power by whoever forms the government. Many times it is not a matter of doing things, but of doing them differently.</li>
<li>Their only force is that of a trans-generational moral and a rational environmentalism.</li>
<li>They do not owe today’s voters in so far as they have not promised them anything, but just to defend the right to a dignified and unspoiled environment for generations to come.</li>
<li>Other parties would not see them as opponents to fight, but rather as another view to consider and a new enlightened moral to follow if they so choose.</li>
<li>They may act as valuable moderators in strong controversies between parties as they represent a neutral interest, that of the future generations who belong to everybody.</li>
<li>They should try to tell only the “whats” and avoid the “hows”. “Hows” belong to the governing party.</li>
</ol>
<p>They should always keep independent voices and never aggregate as a party. Their credibility is bound to their “no party” condition.</p>
<p>Some institutions and countries with only major party representations may have technical difficulties accepting such independent members in their structure. It may be worth considering their structure and perhaps, opening the door by establishing minimum of votes necessary to gain entrance.</p>
<p>Finally, the crucial question: who votes for the “representatives” of people who are not yet born? If they are confident, I am convinced that elderly people would vote for them, grandfathers, grandmothers and conscious parents. Such a candidate could collect also the “positive” vote of indecision, of people who doubt or who do not find a satisfying party. It may become a kind of neutral vote.</p>
<p>The cause of environment hast not many chances today. The proposed approach is limited, of course, but worth trying. A hidden moral is a dead moral. Intellectuals and scientist prepared and concerned with long-term world problems should accept this challenge.</p>
<p style="text-align: center;"><em> </em></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;">Text presented at the <em>3<sup>rd</sup> International Conference on Environmental Future.</em></span><br />
<span style="color: #ff0000;"> (Edinburgh, 25-26<sup>th</sup> September 1987)</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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