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	<title>Phylosophy</title>
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	<description>Antonio Machado, Ph. D. Multipurpose biologist (Entomology, Nature conservation, Environmental policy, etc.) based in the Canary Islands</description>
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	<title>Phylosophy</title>
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		<title>SIMPATRÍA SECUNDARIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Apr 2017 12:43:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Philosophy]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ensayo sobre el racismo y los derroteros recientes de la humanidad El refranero nos advierte que comparar resulta odioso, pero [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ensayo sobre el racismo y los derroteros recientes de la humanidad</strong></p>
<p>El refranero nos advierte que comparar resulta odioso, pero la ciencia recurre al análisis comparativo en busca de discrepancias o regularidades como fuente de conocimiento, y lo aplica incluso a cosas aparentemente inconexas donde pudieran subyacer comportamientos comunes poco aparentes. Y así se genera nuevo conocimiento, o surgen hipótesis que, lógica­mente, habrán de someterse a prueba antes de adoptarlas como válidas.</p>
<p>En este breve ensayo se intenta dar una explicación al nuevo arrebato de xenofobia y nacionalismo que está sacudiendo a las civilizaciones en estos inicios del Siglo XXI. Lo haremos comparando dos sistemas complejos dispares: el biológico y el cultural, aunque ello implique tener que abordar algunos aspectos tradicionalmente incómodos relacionados con nosotros los humanos; en términos científicos, <em>Homo sapiens.</em></p>
<p>En la evolución de las especies biológicas, y en las animales en particular, se conocen los mecanismos de diferenciación progresiva que con el transcurso del tiempo, mucho tiempo, acaban por generar dos o más especies segregadas a partir de una inicial; es decir, que las especies “hermanas” acaban por ser genéticamente incompatibles entre ellas, o si por casualidad se cruzan y tienen descendientes (híbridos), éstos no prosperan o son infértiles. Este proceso, que conocemos por especiación, puede ocurrir en alopatría (patrias separadas) o simpatría (misma patria). El primer caso se da cuando algún fenómeno geológico o climático, establece una barrera que limita mucho o impide del todo el intercambio de individuos, y por ende genético, entre las subpoblaciones que quedan separadas. Cada una evolucionará independientemente, afrontando los cambios de su particular entorno: se adaptan, acumulan paulatinamente pequeñas diferencias que la van haciendo cada vez más incompatibles entre sí, hasta llegar a la separación definitiva cuando ya no pueden cruzarse, aunque coincidan en el mismo espacio. Son especies diferentes, y este tipo de especiación alopátrica es el más frecuente, mediando periodos de tiempo muy variables, desde decenas de miles de años a millones de años. El león, el tigre de Bengala, el leopardo, el puma y el ocelote compar­ten un mismo ancestro común, y constituyen un buen ejemplo de especiación geográ­fica (por continentes).</p>
<p>En el siglo XIX y parte del XX, se designaban como “razas geográficas” a las subpoblaciones geográficas algo diferenciadas, con rasgos morfológicos distinguibles, pero aún a medio camino de convertirse en especies diferentes. Actualmente, la Biología emplea el concepto de subespecie, y es común y normal que muchas especies están constituidas por varias subes­pecies (la cabra montés, el elefante, la zebra, etc.) que con el tiempo, como venimos expli­cando, deberían acabar dando lugar a especies independientes. Esta circunstancia también ocurre en <em>Homo sapiens</em>, solo que en nuestro caso persiste una suerte de tabú a la hora de tratar el tema, bajo pena de ser acusado de nazi, racista, o cualquier otra fórmula de excomu­nión política o social por ser asunto incómodo o contrario a la dignidad humana.</p>
<p>Las razas humanas –y por lo pronto nadie niega que existan diferentes linajes humanos–, son razas originalmente asociadas a los territorios geográficos dispares donde se diferenciaron a partir de un tronco común, y por tanto, son subespecies en términos biológicos. Todas las razas humanas son inter-fértiles, y de ahí que se reconozca una sola especie: <em>Homo sapiens. </em>El error y la confusión ha consistido en considerar a una de estas razas como la “especie” titular, y a las demás como “subespecies” o una suerte de rango inferior, cuando lo cierto en Biología es que la especie está formada por el conjunto de todas las subespecies, y ninguna es más que otra. Morfológicamente diferentes sí son, pues se han adaptado a diferentes entornos ecológicos para mejorar su supervivencia en ellos, pero esto no tiene nada que ver con la dignidad humana, que va por otros derroteros, como explicaré. El concepto de superior o inferior aplicado a las razas, será siempre una valoración ajena a la ciencia, y no entra en las presentes consideraciones. Un zoólogo extraterrestre que hubiera muestreado en la Tierra hace unos 10.000 años no hubiera tenido problema en describir y poner nombre a unas cuantas subespecies de <em>Homo sapiens, </em>y luego reflejar su distribución en un mapamundi.</p>
<p>Aparcado el espinoso asunto de los diferentes linajes humanos y el modo de nombrarlos (razas, etnias, subespecies, etc.), adentrémonos en el segundo caso de especiación: la simpá­trica. Esta ocurre cuando la población original de una especie se segrega en el mismo lugar, mediando mecanismos de tipo ecológico o etológico (comportamiento) que faciliten el aisla­miento progresivo de las subpoblaciones. Por ejemplo: unos individuos son activos durante el día y otros durante la noche; unos adoptan una planta alimenticia diferente a la que comen los otros, etc. Al optar por diferentes nichos ecológicos, la selección natural irá favoreciendo las novedades (mutaciones, combinaciones genéticas) mejor adaptadas a cada nicho, y a la larga las pequeñas diferencias irán consolidando la separación hasta alcanzar el aislamiento reproductor. Esta modalidad de especiación es menos frecuente y hay científicos que incluso dudan que pueda producirse.</p>
<p>Ahora bien, lo que interesa al objeto del presente ensayo no son estos casos de simpatría primaria, sino los de “simpatría secundaria”. Ésta se da cuando dos poblaciones que se mantuvieron cierto tiempo en alopatría, pero no lo suficiente como para convertirse en nuevas especies, vuelven a coincidir en el espacio porque la barrera que las separó desaparece, o porque algún vector traslada contingentes de una subpoblación al territorio de la otra. Tras el reencuentro, pueden ocurrir dos vicisitudes: (a) las diferencias que se habían forjado entre ambas subpoblaciones son mínimas o insuficientes para impedir el libre cruzamiento entre unos y otros individuos, y en poco tiempo todo se mezcla y vuelve a compartirse el genoma (panmixia), con lo que el proceso de especiación aborta; y (b) cuando existen diferencias morfológicas o etológicas que sin llegar a impedir físicamente los cruzamientos, los dificultan o los hacen menos frecuentes (rechazo, aversión, etc.). Consecuentemente, habrá más empare­jamientos entre individuos de la misma subpoblación (“intra-raciales”) que entre individuos de diferente subpoblación (“inter-raciales”). Lo significativo del caso es que los descendientes de los cruces mixtos llevan las de perder, recibiendo la presión competitiva de uno y otro lado, quedando marginados del territorio, con poco acceso a los recursos y, por ende, con menos probabi­lidades de dejar descendencia. Hay selección negativa contra ellos; se les anula o elimina, y como consecuencia las dos subpoblaciones aceleran su separación generación tras generación, diferenciándose de modo más rápido y contrastado si cabe. La simpatría secundaria fuerza el aislamiento de forma más expeditiva y aboca a las especies en formación (subespecies) a ocupar nichos diferentes. Consecuentemente, las especies hermanas formadas en simpatría secundaria suelen ser más desiguales morfológicamente o en su comportamiento que las especies alopátricas.</p>
<p>Estos son procesos conocidos en Biología evolutiva que afectan a los primates, al igual que a otras especies animales. ¿Y qué ocurre con los humanos que, indudablemente, estamos incu­rrien­do en simpatría secundaria en muchas zonas del planeta? ¿Estamos en fase (a) de mezclarnos todos y acabar por anular el proceso de segregación que se inició hace unos cuantos cientos de miles de años, o nos enfrentamos a la situación (b) donde los mestizajes llevan las de perder, y acabaremos separándonos cada vez más con el tiempo?</p>
<p>Dentro del reino Animal, los humanos somos ciertamente singulares, pues en nuestra especie se da un hecho único en la historia de la Evolución (y si lo hubo antes, ha desaparecido), y consiste en contar con una mente consciente que opera en nuestro cerebro de mamífero avanzado, siendo ambos sistemas, <a href="https://www.antoniomachado.net/wp-content/uploads/pdf/informative/2006-la-psicosfera.pdf">materia viva y materia pensante</a>, físicamente inseparables. La condición humana deriva de la mente y el desarrollo cultural que ha propiciado. Somos, pues, el resultado de una coevolución cultural y biológica. Así se han formado muchas de nuestras capacidades, como el caminar erguido (la anatomía se ha adaptado para poder hacerlo, y el hacerlo se transmite por aprendizaje cultural), o la expresión hablada. Téngase en cuenta que la evolución biológica –también llamada “darwiniana”– se fundamenta en la transmisión de información por vía genética de generación en generación, requiriendo miles, decenas de miles o centenas de miles de años para incorporar cambios y mejoras. La evolución cultural, por el contrario, se basa en la transmisión de información por vía visual y del lenguaje, y pasa de individuo a individuo en tiempo real o diferido, en una misma generación, o a las siguientes inmediatas o próximas. Lo que yo aprendo puedo enseñárselo a mi hijo, a mi vecino, o a cualquier humano del futuro si lo dejo anotado en un libro. Por eso, la evolución cultural auspiciada por la mente es extraordinariamente rápida comparada con la biológica o darwiniana. En algunos otros animales se da también la transmisión cultural, pero de forma muy limitada (aprendizaje visual directo). Por lo pronto, los humanos nos hemos descolgado de la evolución biológica darwiniana, que es la que prima en todos los seres vivos. En nuestra especie, ya no son solo los factores selectivos naturales los que controlan la probabilidad de dejar descendencia, sino que son los culturales (fobias, filias, tabús, religiones, castas, dinero, voluntades, codicia, etc.) los que adquieren mayor relevancia, lo mismo que los avanzados logros de la medicina y tecnología, incluida la capacidad de manipular nuestro propio genoma. Y todo ello ocurre sin que se hayan anulado por completo los comportamientos innatos que nos corresponden como mamíferos, los llamados instintos animales (reproductor, cazador, prote­ctor, etc.). La cultura se encarga de domeñarlos, suprimirlos o encauzarlos hacia esquemas éticos propios de los humanos, pero no dejan de estar ahí y surgen a poco que falte el control, o particularmente, en situaciones de riesgo individual o colectivo. Pero este es otro tema que quizás merezca un ensayo aparte.</p>
<p>Lo interesante, bajo la óptica de la teoría de sistemas, es que tanto la evolución biológica como la evolución cultural, son sistemas complejos adaptativos; es decir, que se proyectan en el tiempo sometidos a la selección del medio que elimina los ensayos que no funcionan y favorece lo que sí, de modo que el sistema aprende, se adapta y progresa. Otros sistemas complejos adaptativos son el lenguaje, o el sistema inmunológico, o el mercado, y por muy dispares que sean sus elementos, su funcionamiento es básicamente el mismo, y permite hacer comparaciones reveladoras.</p>
<p>La mente es una propiedad emergente de la biología, como la biología es una propiedad emergente de la química, y esta a su vez lo es de la física. Si la mente y la evolución cultural no se hubiera producido, <em>Homo sapiens </em>seguramente se habría diversificado en un ramillete de especies adaptadas a su particular patria geográfica, y no podrían cruzarse sexualmente, aunque tuvieran oportunidad de hacerlo. Pero la mente aporta conciencia, anticipación, determinismo y otros aspectos de comportamiento –como son los actos guiados por la ética o sentimientos religiosos– desconocidos hasta entonces en la evolución animal. El caso es que los humanos, con nuestra capacidad de trasladarnos muy incrementada mediante la domesticación de otros animales o empleando artilugios tecnológicos, hemos roto las barreras de nuestro aislamiento geográfico originario, entrando en simpatría secundaria. ¿Y qué está ocurriendo? ¿Nos fundiré­mos en un todo común e igual, o nos diferenciaremos cada vez más y más rápidamente?</p>
<p>En nuestra especie, como amalgama biocultural que somos, la respuesta no es tan simple. Cierto es que el racismo de corte biológico, los guetos, el ostracismo contra los mestizos, o las luchas directas entre grupos étnicos, son muestras inequívocas de que hay presión biológica hacia una separación forzada, expresada en forma social; pero no es menos cierto que el factor cultural complementa, modula o distorsiona el factor biológico. Ideas como la equidad, la justicia, la no discriminación por razas, la solidaridad, la igualdad de los derechos humanos o la de ciudadanía, son potentes moduladores de las tendencias biológicas capaces de anular la tendencia a la disgregación. El racismo de entronque biológico ha sido superado en muchas civilizaciones y las “subespecies” van camino de fundirse a pesar de las diferencias en el color de la piel, el olor, la forma de los ojos o la textura del pelo. Digamos que hay una tendencia hacia la panmixia. Nos asombraría conocer la mezcla de alelos de distinta procedencia que atesora ya el ADN de cada uno.</p>
<p>Pero si uno analiza las manifestaciones del racismo, podrá advertir que además del biológico, también lo hay de corte cultural –llamémosle xenofobia– , y uno y otro operan a menudo de manera conjunta. El rechazo frente a otras culturas bien podría ser el mecanismo equivalente que opera en la evolución biológica, expresado en la evolución cultural. Ambos son sistemas complejos adaptativos, como ya se dijo, y no tendría nada de extraño que funcionasen de modo similar.</p>
<p>Los niveles y formas de tribalismo, desde el nivel básico de la familia, a la tribu, al gremial, al nacional o al religioso, son formas protectoras del “yo” –o presunto “gen egoísta” de Dawkins– que entroncando en lo biológico se mezclan para acabar en lo estrictamente cultural. Desde el más arcaico tribalismo hasta la más avanzada civilización racionalista, hay toda una panoplia de situaciones en la que la mente, con su razón, se impone en lo social, a los instintos más básicos.</p>
<p>Todo esto sugiere que las culturas son entidades equiparables a las especies biológicas, sujetas a evolución cultural y partícipes de los mismos tipos de mecanismos de selección y segregación de los sistemas complejos adaptativos. Admitamos que los efectos de la simpatría secundaria biológica podrían ser refrenados y superados por los esquemas culturales, pero ¿qué pasaría si existiese una simpatría secundaria de tipo cultural con efectos igual de profundos y sistém­icos? ¿Quién lo superará? ¿La propia cultura?</p>
<p>El reencuentro de culturas que se han diferenciado en alopatría puede acabar, si no eran muy diferentes, con la fusión de ambas o en una tolerancia más o menos consentida. Pero si había diferencias importantes, cabe esperar un recrudecimiento de los aspectos separadores, incluso de manera brusca o violenta, particularmente si se las fuerza a la convivencia.</p>
<p>Fenómenos recientes como el turismo y sobre todo la globalización, están poniendo a prueba los niveles de tolerancia y resistencia cultural, y parece que en más de un caso han superado la resiliencia del sistema, desatado mecanismos de autoafirmación y rechazo de todo tipo; léase un repunte de la xenofobia/racismo y los nacionalismos.</p>
<p>Podría ser distinto, pero todo apunta a que los humanos estamos lejos de fundirnos en una única civilización universal, en una panmixia ideológica. Es el deseo de muchos, pero nada probable. Si la hipótesis de simpatría cultural secundaria resultara ser cierta, las culturas están abocadas a enrocarse, a encerrarse en sí mismas y diferenciarse cada vez más de las más dispares. Es el mismo mecanismo que fuerza a las especies biológicas a separarse, solo que aquí se diferenciarían las culturas dentro de la misma especie. Nótese, que los medios, las películas, o Internet cuelan determinadas culturas en otros ámbitos culturales sin necesidad de la presencia física de individuos. Algo nuevo, cuyas manifesta­ciones más extremas quizás estén aún por verse. Si la globalización –propiciada por el mercado y las redes de comunicación– no ceja su presión homogeneizadora, es muy posible que nos conduzca a nuevos tiempos de barbarie, de regreso a la tribu; tiempos aciagos y oscuros para la ciudadanía universal con la que muchos soñamos.</p>
<p>Como colofón, cabe preguntarse si ese mercado que podría traernos consecuencias desagra­da­bles, y que parece gobernarlo todo en los tiempos actuales, es realmente un instrumento manejado por los humanos al servicio de sus intereses humanos, o si, por el contario, es un nuevo sistema emergente en nuestro planeta –emanado de la mente, en este caso– que se nutre de información, con su propia dinámica y escala global, en el que los humanos y nuestros artilugios pasamos a ser meros elementos constitutivos; es decir, piezas del ajedrez y no los jugadores.</p>
<p>Pero éste es también asunto para otro ensayo.</p>
<p><em>Antonio Machado Carrillo</em></p>
<p>La Laguna, 15 abril 2017</p>
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		<title>EL ENANO DEL REY</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Mar 2016 09:13:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Philosophy]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Moisés se dedicaba a tallar la madera y tomó gusto por hacer enanos de jardín a los que coloreaba y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Moisés se dedicaba a tallar la madera y tomó gusto por hacer enanos de jardín a los que coloreaba y daba algún rasgo distintivo, de modo que cada parterre o balconada habitado por una de sus esmeradas tallas, adquiría un sello propio que todos los afortunados propietarios tenían en gran estima.</p>
<p>Una buena mañana, soleada y adornada por el trinar de las aves, Moisés oyó cómo el repiqueteo de los cascos de caballo de una calesa cesaba al llegar a la altura de su taller. Dejó el buril a un lado, se limpió las virutas de madera del mandil, y esperó atento a las sombras que se filtraban bajo la puerta. Poco tardó en presentarse un personaje bien rasurado y peinado, ataviado de ricas telas, y con ademanes cortesanos, que así habló:</p>
<p>‒ ¿Eres Moisés el artesano que hace enanos?</p>
<p>‒ Sí, lo soy; para servirle­‒, respondió nuestro hombre con una breve inclinación de cabeza en reconocimiento a la hidalguía que percibiera en su interlocutor.</p>
<p>‒ Soy el chambelán del Rey. Hasta palacio ha llegado la fama de tus enanos y Su Majestad quiere que le hagas uno para adornar su patio privado.</p>
<p>‒ Nada más fácil, mi señor‒, y diciendo esto se giró y tomó el primer enano que, alineado con otros, descansaba en una repisa a sus espaldas, y se lo ofreció a su distinguido visitante con una sonrisa beatífica.</p>
<p>Ello provocó una sonrisa no menos beatífica en el chambelán, y como si explicase a un colegial la obviedad más obvia del universo, le aclaró benévolo mientras abría mucho los ojos:</p>
<p>‒ Mi querido maese Moisés; creo que igual no me he explicado bien. Se trata de un enano para el Rey …</p>
<p>La respuesta del buen artesano, no se hizo esperar:</p>
<p>‒ Excelencia; todos mis enanos están hechos como si fuesen para el Rey.</p>
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		<title>PARETO Y SAN MATEO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Dec 2014 19:12:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Philosophy]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vilfredo Pareto, de origen italiano, nació en París en 1848. Desarrolló su vida profesional de ingeniero en Italia y Suiza. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Vilfredo Pareto, de origen italiano, nació en París en 1848. Desarrolló su vida profesional de ingeniero en Italia y Suiza. Entre otras muchas cosas, se dedicó a la Economía Política y Sociología. Al estudiar la propiedad de la tierra en Italia descubrió que el 20% de los propietarios poseían el 80% de las tierras, mientras que el restante 20% de los terrenos pertenecía al resto de la población, o sea, al 80% de los propietarios. Esta proporción se repite en un montón de fenómenos de lo más variopintos, desde la macroeconomía a los asuntos diarios. Así, por ejemplo, el 20 % de los artículos generan el 80 % de los movimientos en un almacén, o el 80 % del esfuerzo de desarrollo de un software produce el 20 % del código, mientras que el 80 % restante se logra con el 20 % del esfuerzo. La proporción 20:80 se conoce desde hace tiempo como el principio de Pareto y se asume, por su base empírica, como una simple fenomenología o regla de la naturaleza, sin más explicación: las cosas funcionan así.</p>
<p>Se atribuye a San Mateo (<strong>25</strong>:29) la difusión de la parábola de los talentos. Y dijo Jesucristo: “Porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Fue Ramón Margalef, un ecólogo español, quien aplicó metafórica­mente este principio a la Ecología. En las transacciones ordinarias entre formas de energía o con la materia se produce un intercambio digamos que “equilibrado”. Un cuerpo frío y uno caliente, puestos en contacto acaban por encontrar un equilibrio, a menudo dinámico, en el que se igualan las temperaturas: uno cede y el otro recibe. Sin embargo, cuando entra la información en juego, que también participa en todo intercambio, se produce algo que va instintivamente contracorriente. Cuando un sistema más informado interactúa con uno menos informado, el que más información tiene ganará más. Dicho de otro modo, le sacará más jugo a dicha información. Un ordenador con programas complejos y cargado de mucha información sacará más partido a unos pocos datos, que un ordenador pequeño con programas limitados.</p>
<p>Este principio que genera aparentes “desequilibrios” se conoce como el principio de San Mateo de Margalef. Y si se da en la naturaleza entre sistemas físicos o biofísicos acoplados, también ha de afectar a los ecosistemas antrópicos, donde la información juega un papel mucho más relevante debido a los procesos culturales (incluido los sociales y económicos). En consecuencia, la proporción 20:80 de Pareto podría radicar en la infodinámica y reflejar el resultado lógico de (des)equilibrio de la información al interactuar en sistemas acoplados. Una hipótesis a considerar: San Mateo explica a Pareto.</p>
<p>De ser cierta la hipótesis, merece una prolongada reflexión. Por ejemplo, la distribu­ción paretiana (20:80) de riquezas en una nación o las lacerantes diferencias Norte-Sur, podrían no ser un estado anómalo de desequilibrio generado por la codicia y la explotación de unos sobre otros, sino reflejar simplemente el estado normal de “equilibrio infodinámico” entre un sistema que contiene más información que otro.</p>
<p>La naturaleza no entiende de justicias, mas ello no supone que debamos conformarnos con una situación así, sobre todo si civilizadamente aspiramos a una distribución equitativa de la riqueza. Lo que nos desvelaría esta hipótesis, es que si queremos alcanzar un estado de reparto equitativo, habrá que forzar el sistema hasta un estado de desequilibrio y emplear recursos y energía para mantenerlo en él. Los humanos podríamos lograrlo con voluntad –ese extraordinario atributo de nuestra especie–, pero sólo tras captar y asumir el reto del proceso y la perseverancia que exigiría.</p>
<p>Cosas parecidas ocurren también en la naturaleza. La atmósfera de nuestro planeta, por ejemplo, está fuera de equilibrio químico con una presencia anómala de oxígeno en su seno. Ésta se logró y perpetúa porque la vida funciona inyectando oxígeno y retirando carbono continuamente. Un tremendo esfuerzo y un bello resultado, sin duda.</p>
<p>La equidad y la justicia también serían un hermoso resultado, en este caso, de la voluntad de los humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>A PHYSICAL VIEW ABOUT THE NATURE OF THINGS, THOUGHTS, AND BELIEFS</title>
		<link>https://www.antoniomachado.net/articulo-de-prensa/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Jan 2014 19:12:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Philosophy]]></category>
		<category><![CDATA[Science]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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	<div class="wpb_text_column wpb_content_element" >
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			<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; I &#8211;</strong></p>
<ul>
<li>Energy, matter, time and information, started with the so called Big-Bang.</li>
<li>If there is existence, there is time; and vice versa.</li>
<li>What existed before the Big Bang (energy? Information?), we do not know and cannot know.</li>
<li>There may be other universes, but we don’t know.</li>
<li>The (our) universe started with a first asymmetry that introduced a variational principle.</li>
<li>The variational principle may be related to temperature or information; we don’t know.</li>
<li>It seems that the universe evolves towards complexity, gaining information and getting colder.</li>
<li>In any exchange of energy and matter, there is a change of information.</li>
<li>Information (very likely as entropy) is a property or state descriptor of matter.</li>
<li>Information, linked to the form of matter, can be structural or functional.</li>
<li>Functional information has an effect on other informed systems that are capable to process it.</li>
<li>More informed systems can do more with small incomes of information, than less informed.</li>
<li>The increase in size of things can be linked to better perform informational processes.</li>
<li>Complexity relates to the level and kind of interactions between components of a given system.</li>
<li>The evolution of information towards complexity (up to communication) is a universal trend.</li>
<li>Accumulated (historical) Information favors exchange of energy and matter towards progress.</li>
<li>A system progresses when it gains more independence from the external environment.</li>
<li>Persistence is a trend in complex adaptive systems (stronger the more informed the system is).</li>
<li>Matter (informed) evolves more rapidly when complex adaptive systems build up.</li>
<li>Life (living matter) is an emergent property of inert matter and can be distinguished by its behavior.</li>
<li>Living systems are dissipative, self-maintaining, and mnemonic fostered by autocatalytic chemistry.</li>
<li>Life evolves openly in a contingent universe, and tends to expands as much as it can.</li>
<li>Biodiversity is a consequence of the process of life and contingencies (no determinism at all).</li>
<li>Genetic mutations are not directed. Hence, there is no goal or purpose in evolution (no teleology).</li>
</ul>
<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; II &#8211;</strong></p>
<ul>
<li>The mind (thinking matter) is an emergent property of life can and be distinguished by its behavior.</li>
<li>The emergence of mind may be a consequence of chaos or of the progressive evolution of matter.</li>
<li>The mind manages highly structured information and permits communication and propagation of it.</li>
<li>The mind is a complex adaptive system that fostered cultural evolution.</li>
<li>Cultural evolution is much faster than ordinary biological evolution which follows the genetic way.</li>
<li>With the mind, determinism (voluntary) started in our known Universe.</li>
<li>With the mind, consciousness started in our known Universe.</li>
<li>For convention, we use the term nature for things that exist prior to mankind or without its intervention</li>
<li>For convention, we term the effects of the mind as anthropic, and their products as artificial.</li>
<li>Our species evolves (in the natural and artificial environment) but not in the Darwinian way anymore.</li>
<li>In planet Earth we have at present inert matter, living matter and thinking matter.</li>
<li>In planet Earth we have a hydrosphere, a lithosphere, an atmosphere a biosphere, and a psychosphere.</li>
<li>The psychosphere has expanded outside the physical limits of the other spheres of planet Earth.</li>
</ul>
<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; III- </strong></p>
<ul>
<li>As observer, we are bearers of knowledge.</li>
<li>The observer influences the observation. Hence, observations are subjective.</li>
<li>Observations can be real or illusory.</li>
<li>Real is what has a physical entity (measurable). Hence, reality is supported by matter.</li>
<li>Illusory is what is seen as real but is not.</li>
<li>Our observations and deductions tend to be anthropocentric or anthropomorphic.</li>
<li>Knowledge is an ensemble of mental representations (ideas) of things and events, present or past.</li>
<li>An idea is real; what it represents may or may not. Ideas have a material (neurochemical) basis.</li>
<li>The senses and accumulated experience (historical knowledge) play a role in observations.</li>
<li>Deduced and inferred ‘reality’ may be real or illusory.</li>
<li>Artistic (passion) knowledge is subjective, not dialectic and linked to instinct, intuition or creativity.</li>
<li>Revealed knowledge is external, objective and also not dialectic (never tested, only interpreted).</li>
<li>Scientific knowledge seeks objectivity, is intelligible and highly dialectic (submitted to proof).</li>
<li>We use these three basic kinds of knowledge to move around in our lives.</li>
</ul>
<p style="text-align: center;"><strong>&#8211; IV &#8211;</strong></p>
<ul>
<li>The basics of rational capacity are ‘wired’ on causal-effect procedures of the supporting brain.</li>
<li>We build abstract ideas with our rational capacity to form coherent interpretations of gained knowledge</li>
<li>We firstly seek and gain knowledge from ourselves and the environment, for moving safely around.</li>
<li>We also use our rational capacity for seeking complaisance and for avoiding pain, fear, and anxiety.</li>
<li>With the emergence of mind, our species is the only one conscious of its timed persistence.</li>
<li>The use of religious beliefs is strongly rewarded by the complaisance and calmness obtained.</li>
<li>Love, universal consciousness, fraternity, and feelings alike are conceptions for the complaisance.</li>
<li>The idea of gods or a sublimated unique deity is related to the original cause-effect wiring of our brain.</li>
<li>The mind is free to think without limits (as far as we know).</li>
<li>If there are other forms of life after the present form of life, we don’t know (scientifically).</li>
<li>The mind is free to believe anything so long it is maintained in the realm of revealed knowledge.</li>
</ul>
<p style="text-align: center;"> That`s it</p>
<p><em>Reflections triggered by a text written by my daughter Laura and her mystic views of nature.<br />
A. Machado, January 2014</em></p>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>COSAS QUE MERECEN LA PENA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Oct 2008 12:15:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Philosophy]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Acontece en el otoño de la vida, que uno puede mirar hacia atrás con cierta perspectiva y juzgar sobre aquello [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Acontece en el otoño de la vida, que uno puede mirar hacia atrás con cierta perspectiva y juzgar sobre aquello que mereció la pena y aquello otro que fue banal, tiempo-trámite no vivido o mero espejismo fatuo. Bien es verdad que en todo juicio, a medida que la vida avanza y se impregna de vivencias, uno tiende a valorar más los desconsuelos y las oportunidades perdidas, que los logros y plenitudes, pues las incógnitas tienen siempre algo de sirena y embaucan a la imaginación. Además, los mecanismos de defensa y autoestima suelen postergar o borrar del todo el recuerdo de aquellos momentos que realmente nos hicieron daño. Nuestra memoria es, en este sentido, bastante alcahueta e intenta complacernos ajenaa todo sentido del equilibrio y la equidad. Por eso, hay que hacer un esfuerzo ímprobo para intentar objetivar un pasado subjetivo; porque no hay hada más sesgado que el registro de los recuerdos.</p>
<p>Dicho esto, y llegado el momento de dar consejo a nuestros hijos -que eso es siempre cuestión de trigo limpio- tal vez sea preferible atender a las vivencias observadas en terceros más que a la experiencia propia. Solo así cabe librarse del engañoso vació que deja lo no vivido, rellenado solo de fantasías y no de realidades.</p>
<p>En la vida hay muchas cosas que merecen la pena, y dependen tanto del entorno como del individuo; pero si fuésemos capaces de cuantificar en alguna moneda extraña el rédito de la complacencia, comprobaríamos que unas cosas merecen más la pena que otras. Desde mi presente atalaya de cincuenta y cinco años cumplidos, creo ser sincero conmigo mismo si aconsejo a mis cuatro hijos que inviertan en cultura, la de siempre (…o la de antes). Que lean a los griegos, las tragedias clásicas, o cualquier obra que haya reflejado el alma de las personas y las épocas más allá del instante histórico. Soy consciente que la música es un campo que me ha sido vedado físicamente y se me escapa su poder, pero creo que la literatura retrata el espíritu y los valores asumidos mejor que cualquiera de las artes gráficas. Que inviertan mis hijos todo el tiempo posible en leer y adquirir esa cultura que hemos dado en llamar clásica, simple de reconocer por el mero contraste con esa otra comercial y fugaz que solo obedece al mercado y el mercadeo. Es deber de padres ayudar a formar -que no conformar- el intelecto de nuestra descendencia. Es deber cultural adquirido a lo largo de la coevolución biológica de nuestra especie.</p>
<p>Resistid frente esa cultura <em>prêt-à-porter</em>, lista para consumo y para idiotizar a un ciudadano teleconfigurado, sometido al imperio de la publicidad. Si claudican serán un circuito más de <em>Mattrix</em>, y vivirán una vida clónica; con sus módulos diseñados por el marketing, incluso el de rebeldía.</p>
<p>Esto no es solo una llamada a la inteligencia y al interés egoísta de vivir una vida más plena y llena de matices. Es algo mucho más profundo que entronca con la dignidad humana, con la dignidad de la persona. Es un deber que emana de la mente con la mente, como el ala entronca con el deber de volar.</p>
<p>Dediquen todo el tiempo que puedan a cultivar la vista, el oído y el entendimiento. Lean todo lo que puedan, contemplen cuanto arte esté al alcance de vuestros ojos, y si pueden, escojan a “los grandes”, que es como recibir un concentrado de cultura; algo así como perfume francés frente a colonia a granel. Los grandes son el atajo del intelecto y solo por eso hemos de agradecer su obra.</p>
<p>No se dejen arrastrar por lo vacuo y el devenir cómodo de la sensualidad. Tampoco deben renunciar a ella. ¡Por supuesto que no! De hecho, podrán comprobar como la cultura irá aumentando el volumen de percepción de esa sensualidad a cotas que antes ni podían sospechar. La cultura es muy agradecida.</p>
<p>Escribo estas líneas en un restaurante gallego &#8211;<em>Carballeira</em>&#8211; en Barcelona, y oigo, sin poder impedirlo, la conversación de tres matrimonios que cenan a mis espaldas. Son gente mayor y cultivada. Qué hermoso espectáculo para el alma atender a una conversación desenfadada, culta, con pozo, que salta de tema en tema libremente, sin yugos publicitarios y sin caer en la soldadesca cotidiana oficializada. Qué desconsuelo -no exento de angustia- contemplar a una “especie amenazada” y tal vez en peligro de extinción en esta sociedad nuestra de la abundancia y los estándares. ¡Ah! &#8230;los males de la abundancia.</p>
<p>Que acontezca un gran diluvio y que Pigmalión reemplace a Noe para rescatar a unos pocos seres no aborregados capaces de restaurar la dignidad intelectual en nuestra especie.</p>
<p>¿Dónde te ocultas, Afrodita?&#8230;</p>
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		<title>ECDISIS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Mar 2007 10:24:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Philosophy]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/metamorfosis-personal/">ECDISIS</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net">www.antoniomachado.net</a>.</p>
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	<div class="wpb_text_column wpb_content_element" >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p style="text-align: center;">─ I ─</p>
<p>¿Puede un hombre reconstruirse, reinventarse?</p>
<p>¿Es posible quebrar la línea de la vida sin retroceder a la niñez, a la juventud y tomar el otro sendero que no fue?</p>
<p>¿Puede la voluntad deshacer avatares del pasado que en su férrea proyección inercial podan una y otra vez los brotes que se salen de la vía?</p>
<p>¿Puede el hombre echarse fuera del raíl impuesto o no, pero implacable en su sencillez paralela conjurada por Matrix?</p>
<p>¿Es posible la libertad máxima del cambio llevando incrustada en la espalda la mochila de la historia propia?</p>
<p>¿Puede el hombre desbaratar su conocimiento, desandar su experiencia para aspirar a ese valle de la inopia, página en blanco, tocado de la felicidad o algo que mucho se le parece?</p>
<p>¿Cabe la rebeldía frente al arquero del tiempo, que perseverante solo mira hacia un lado desde el big-bang?</p>
<p>¿Es posible el cambio sin amputación; otro camino sin desnudarse, la nueva luz sin tener que cerrar los ojos?</p>
<p>¿Puede surgir ternura e ilusión en un alma desgastada y yerma, arrasada por los vientos del engaño, de la vileza, del fracaso, de la envidia, de los reproches permitidos, de la melancolía y el desamor?</p>
<p>¿Está en las manos del hombre, en su razón, en sus redaños el superar tremendo reto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">─ I I ─</p>
<p>¿O será necesario que las furias externas le arranquen de su carcomido pedestal, lo arrojen ladera abajo y quede abandonado robinsón en una <em>insula incognita</em>, enfrentado a la adversidad y la supervivencia?</p>
<p>Reconstruirse o perecer, ¿es ese el sino del instinto?</p>
<p>¿Será necesario perder a un ser próximo, muy próximo, dolorosamente próximo en el absurdo sinsentido del accidente fatal; ver la muerte cara a cara y desnuda en los cuerpos tirados en la calle medio devorados por los perros y ratas escurridos de la guerra; o ver la muerte de frenteen el espejo, en las luminarias mentirosas del quirófano, antesala de la oscuridad?</p>
<p>¿Necesita el hombre el empujón de la negrura, esa nube de pesadumbre que se posa sobre nuestro yo y que, de pronto, revienta en la más devastadora tempestad de dudas, de temores, de miedos hasta llevarnos al filo de la cordura?</p>
<p>¿Es el cambio solo posible cuando sucumbimos al atávico miedo de no ser?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">─ III ─</p>
<p>Yo afirmo que no.</p>
<p>Yo me repito que no.</p>
<p>Yo creo que no.</p>
<p>Yo quiero que no.</p>
<p>Basta con cambiar la mirada,</p>
<p>olvidar al tiempo traicionero</p>
<p>que siempre dispara desde atrás.</p>
<p>Abrir los ojos,</p>
<p>erguir el alma,</p>
<p>empuñar el espíritu y retar la vida a duelo.</p>
<p>Conjurar un arrebato de perenne generosidad,</p>
<p><em>urbi et orbe</em>, consigo mismo.</p>
<p>Desparramar humanina</p>
<p>hasta la adicción más absoluta,</p>
<p>yonqui de los prójimos,</p>
<p>deudor de caricias,</p>
<p>del tacto,</p>
<p>del pelo erizado,</p>
<p>del aliento contenido,</p>
<p>de los ojos rayados…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cambio, el milagro está en la luz;</p>
<p>es decir,</p>
<p>en el hombre y el cosmos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La Laguna,  13 de marzo de 2007</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong></p>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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