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	<description>Dr. Antonio Machado. Biólogo multiuso (Entomología, Conservación de la Naturaleza, Política ambiental, etc.) con sede en las islas Canarias</description>
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		<title>AL ENEMIGO, LA LEY</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2024 18:43:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>l Yo estudié en un colegio alemán, y eso marca. La educación germana se basa en el orden, el sentido [&#8230;]</p>
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<h1 class="wp-block-heading">l</h1>

<p>Yo estudié en un colegio alemán, y eso marca. La educación germana se basa en el orden, el sentido del deber y de lo correcto. Por eso, cuando me topé con un proverbio español muy particular: «Al enemigo, la Ley», quedé francamente desconcertado. ¿Cómo vas a desearle a tu enemigo La Ley, si las leyes son algo bueno, el epítome de la civilización? Algo no cuadra.    </p>

<p>Con los años acabé por entender algo de leyes, a pesar de dedicarme profesionalmente a las ciencias. Aprendí a distinguir entre lo indeterminado y lo arbitrario. Una indeterminación jurídica es algo no deseable, pero válido y frecuente. El juez siempre tendrá vías de concretar lo no concretado recurriendo a consulta de expertos o al sentir ciudadano. Por ejemplo,&#8230;»si se produce un daño significativo»    </p>

<p>Una ventana a la arbitrariedad, sin embargo, es algo que una ley debe evitar a toda costa, pues no hay modo de concretar lo que pretende la norma,, sino que quedará a criterio del titular de la resolución. Por ejemplo: «&#8230; no se podrá construir si perjudica a la comunidad a juicio del Ayuntamiento.» Dicho juicio queda liberado, no se fijan criterios, ni siquiera se le exige una resolución razonada. En definitiva, se abre la puerta a la arbitrariedad, una temible arma política ante la que todo ciudadano queda indefenso..   </p>

<p>Por absurdo que parezca, un análisis detallado de nuestra legislación revelará que está minada de clausulas que habilitan las arbitrariedades. Y esto no puede ser el resultado de mera chapuza. Cabe sospechar que dichas cláusulas se han sembrado estratégicamente para ser usadas como arma política. Quizás todo ello tenga su origen en el hecho de que la mayoría de nuestras leyes las prepara el poder ejecutivo antes de ser remitidas al legislativo. La tentación de dotarse de un instrumento tan contundente para castigar o premiar a voluntad es ciertamente poco democrática, pero muy humana. Y la cosa ha de venir de bien lejos, como para haber hecho mella en nuestro nuestro refranero: «Al enemigo, la Ley».     </p>

<p>En este mismo contexto me viene al recuerdo un texto de Eduardo García de Enterría que leí hace años: «La Lucha contra las inmunidades del poder». Es breve. Lo recomiendo.  </p>

<p></p>

<p></p>
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		<title>¿POR QUÉ HAY VIRUS?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 May 2021 15:01:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En estos tiempos extraños causado por la pandemia vírica del SARS-Cov2, no exentos de incertidumbre, miedo y confusión, he oído [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En estos tiempos extraños causado por la pandemia vírica del SARS-Cov2, no exentos de incertidumbre, miedo y confusión, he oído de casi todo, desde voces bastante sensatas y atinadas, a las más abyectas tonterías. Pero nadie parece haberse preguntado ¿por qué hay virus? ¿Son armas biológicas escapadas de ocultos laboratorios militares? ¿Son un castigo divino? o ¿son simples detalles de mal gusto que nos endilga la naturaleza?</p>
<p>¿Por qué hay virus? Los virus existen en este planeta desde muchísimo antes que nuestra especie, para empezar. La evolución los ha mantenido, y eso que no son seres vivos en el sentido de que no son autónomos ni autopoyéticos. Pero como subproductos de la materia viva —trozos de programas genéticos—, parecen estar sujetos a las leyes de la selección natural y la evolución, desde los más recónditos inicios de la vida. Entonces ¿por qué siguen existiendo ¿Cuál es su función en el ecosistema para que la naturaleza no prescinda de ellos?</p>
<p>Pues parece ser que sí que tienen un papel que desempeñar que, por obvio, puede pasar desapercibido a la, digamos, “preocupación global”. La función de los virus es podar las poblaciones que se pasan de rosca. Actúan como una válvula de seguridad. Cuando una especie aumenta en número de modo desmesurado, más allá de la sostenibilidad, hay mecanismos de muchos tipos que se activan para llevarlos a niveles menos peligrosos para el conjunto. En ratas, por ejemplo, el hacinamiento hace que los machos aumenten la agresividad y castren a mordiscos a sus congéneres, con lo que la población decae. Hay otras soluciones, como el despeñarse en masa por un acantilado como hacen los lemmings, y también las hay menos cruentas (reabsorción fetal, etc.), pero con el mismo resultado. Bueno, pues los virus parecen ser uno más de estos mecanismos de control.</p>
<p>Así, pues, lo que pretende el presente coronavirus —y otros que vendrán—, es podar la población de seres humanos que superamos con creces la biomasa que nos correspondería como un simple mamífero, y que ya alcanzando niveles disparatados en términos biosféricos (siete mil ochocientos millones de individuos). Lo que ocurre, es que eso de que empiecen morirse personas a mansalva, con nuestros mayores a la cabeza, pues en ellos se ensaña el virus, no nos convence para nada, y no queda otra salida que recurrir a la misma tecnología que nos ha permitido superar nuestras limitaciones biosféricas, para ahora intentar frenar los embates de virus, defendiéndonos con las vacunas. O nos vacunamos, incluso sin las garantías idóneas, o nos podan. La civilización y la naturaleza están en lucha</p>
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		<title>SIMPATRÍA SECUNDARIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Apr 2017 12:43:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ensayo sobre el racismo y los derroteros recientes de la humanidad El refranero nos advierte que comparar resulta odioso, pero [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ensayo sobre el racismo y los derroteros recientes de la humanidad</strong></p>
<p>El refranero nos advierte que comparar resulta odioso, pero la ciencia recurre al análisis comparativo en busca de discrepancias o regularidades como fuente de conocimiento, y lo aplica incluso a cosas aparentemente inconexas donde pudieran subyacer comportamientos comunes poco aparentes. Y así se genera nuevo conocimiento, o surgen hipótesis que, lógica­mente, habrán de someterse a prueba antes de adoptarlas como válidas.</p>
<p>En este breve ensayo se intenta dar una explicación al nuevo arrebato de xenofobia y nacionalismo que está sacudiendo a las civilizaciones en estos inicios del Siglo XXI. Lo haremos comparando dos sistemas complejos dispares: el biológico y el cultural, aunque ello implique tener que abordar algunos aspectos tradicionalmente incómodos relacionados con nosotros los humanos; en términos científicos, <em>Homo sapiens.</em></p>
<p>En la evolución de las especies biológicas, y en las animales en particular, se conocen los mecanismos de diferenciación progresiva que con el transcurso del tiempo, mucho tiempo, acaban por generar dos o más especies segregadas a partir de una inicial; es decir, que las especies “hermanas” acaban por ser genéticamente incompatibles entre ellas, o si por casualidad se cruzan y tienen descendientes (híbridos), éstos no prosperan o son infértiles. Este proceso, que conocemos por especiación, puede ocurrir en alopatría (patrias separadas) o simpatría (misma patria). El primer caso se da cuando algún fenómeno geológico o climático, establece una barrera que limita mucho o impide del todo el intercambio de individuos, y por ende genético, entre las subpoblaciones que quedan separadas. Cada una evolucionará independientemente, afrontando los cambios de su particular entorno: se adaptan, acumulan paulatinamente pequeñas diferencias que la van haciendo cada vez más incompatibles entre sí, hasta llegar a la separación definitiva cuando ya no pueden cruzarse, aunque coincidan en el mismo espacio. Son especies diferentes, y este tipo de especiación alopátrica es el más frecuente, mediando periodos de tiempo muy variables, desde decenas de miles de años a millones de años. El león, el tigre de Bengala, el leopardo, el puma y el ocelote compar­ten un mismo ancestro común, y constituyen un buen ejemplo de especiación geográ­fica (por continentes).</p>
<p>En el siglo XIX y parte del XX, se designaban como “razas geográficas” a las subpoblaciones geográficas algo diferenciadas, con rasgos morfológicos distinguibles, pero aún a medio camino de convertirse en especies diferentes. Actualmente, la Biología emplea el concepto de subespecie, y es común y normal que muchas especies están constituidas por varias subes­pecies (la cabra montés, el elefante, la zebra, etc.) que con el tiempo, como venimos expli­cando, deberían acabar dando lugar a especies independientes. Esta circunstancia también ocurre en <em>Homo sapiens</em>, solo que en nuestro caso persiste una suerte de tabú a la hora de tratar el tema, bajo pena de ser acusado de nazi, racista, o cualquier otra fórmula de excomu­nión política o social por ser asunto incómodo o contrario a la dignidad humana.</p>
<p>Las razas humanas –y por lo pronto nadie niega que existan diferentes linajes humanos–, son razas originalmente asociadas a los territorios geográficos dispares donde se diferenciaron a partir de un tronco común, y por tanto, son subespecies en términos biológicos. Todas las razas humanas son inter-fértiles, y de ahí que se reconozca una sola especie: <em>Homo sapiens. </em>El error y la confusión ha consistido en considerar a una de estas razas como la “especie” titular, y a las demás como “subespecies” o una suerte de rango inferior, cuando lo cierto en Biología es que la especie está formada por el conjunto de todas las subespecies, y ninguna es más que otra. Morfológicamente diferentes sí son, pues se han adaptado a diferentes entornos ecológicos para mejorar su supervivencia en ellos, pero esto no tiene nada que ver con la dignidad humana, que va por otros derroteros, como explicaré. El concepto de superior o inferior aplicado a las razas, será siempre una valoración ajena a la ciencia, y no entra en las presentes consideraciones. Un zoólogo extraterrestre que hubiera muestreado en la Tierra hace unos 10.000 años no hubiera tenido problema en describir y poner nombre a unas cuantas subespecies de <em>Homo sapiens, </em>y luego reflejar su distribución en un mapamundi.</p>
<p>Aparcado el espinoso asunto de los diferentes linajes humanos y el modo de nombrarlos (razas, etnias, subespecies, etc.), adentrémonos en el segundo caso de especiación: la simpá­trica. Esta ocurre cuando la población original de una especie se segrega en el mismo lugar, mediando mecanismos de tipo ecológico o etológico (comportamiento) que faciliten el aisla­miento progresivo de las subpoblaciones. Por ejemplo: unos individuos son activos durante el día y otros durante la noche; unos adoptan una planta alimenticia diferente a la que comen los otros, etc. Al optar por diferentes nichos ecológicos, la selección natural irá favoreciendo las novedades (mutaciones, combinaciones genéticas) mejor adaptadas a cada nicho, y a la larga las pequeñas diferencias irán consolidando la separación hasta alcanzar el aislamiento reproductor. Esta modalidad de especiación es menos frecuente y hay científicos que incluso dudan que pueda producirse.</p>
<p>Ahora bien, lo que interesa al objeto del presente ensayo no son estos casos de simpatría primaria, sino los de “simpatría secundaria”. Ésta se da cuando dos poblaciones que se mantuvieron cierto tiempo en alopatría, pero no lo suficiente como para convertirse en nuevas especies, vuelven a coincidir en el espacio porque la barrera que las separó desaparece, o porque algún vector traslada contingentes de una subpoblación al territorio de la otra. Tras el reencuentro, pueden ocurrir dos vicisitudes: (a) las diferencias que se habían forjado entre ambas subpoblaciones son mínimas o insuficientes para impedir el libre cruzamiento entre unos y otros individuos, y en poco tiempo todo se mezcla y vuelve a compartirse el genoma (panmixia), con lo que el proceso de especiación aborta; y (b) cuando existen diferencias morfológicas o etológicas que sin llegar a impedir físicamente los cruzamientos, los dificultan o los hacen menos frecuentes (rechazo, aversión, etc.). Consecuentemente, habrá más empare­jamientos entre individuos de la misma subpoblación (“intra-raciales”) que entre individuos de diferente subpoblación (“inter-raciales”). Lo significativo del caso es que los descendientes de los cruces mixtos llevan las de perder, recibiendo la presión competitiva de uno y otro lado, quedando marginados del territorio, con poco acceso a los recursos y, por ende, con menos probabi­lidades de dejar descendencia. Hay selección negativa contra ellos; se les anula o elimina, y como consecuencia las dos subpoblaciones aceleran su separación generación tras generación, diferenciándose de modo más rápido y contrastado si cabe. La simpatría secundaria fuerza el aislamiento de forma más expeditiva y aboca a las especies en formación (subespecies) a ocupar nichos diferentes. Consecuentemente, las especies hermanas formadas en simpatría secundaria suelen ser más desiguales morfológicamente o en su comportamiento que las especies alopátricas.</p>
<p>Estos son procesos conocidos en Biología evolutiva que afectan a los primates, al igual que a otras especies animales. ¿Y qué ocurre con los humanos que, indudablemente, estamos incu­rrien­do en simpatría secundaria en muchas zonas del planeta? ¿Estamos en fase (a) de mezclarnos todos y acabar por anular el proceso de segregación que se inició hace unos cuantos cientos de miles de años, o nos enfrentamos a la situación (b) donde los mestizajes llevan las de perder, y acabaremos separándonos cada vez más con el tiempo?</p>
<p>Dentro del reino Animal, los humanos somos ciertamente singulares, pues en nuestra especie se da un hecho único en la historia de la Evolución (y si lo hubo antes, ha desaparecido), y consiste en contar con una mente consciente que opera en nuestro cerebro de mamífero avanzado, siendo ambos sistemas, <a href="https://www.antoniomachado.net/wp-content/uploads/pdf/informative/2006-la-psicosfera.pdf">materia viva y materia pensante</a>, físicamente inseparables. La condición humana deriva de la mente y el desarrollo cultural que ha propiciado. Somos, pues, el resultado de una coevolución cultural y biológica. Así se han formado muchas de nuestras capacidades, como el caminar erguido (la anatomía se ha adaptado para poder hacerlo, y el hacerlo se transmite por aprendizaje cultural), o la expresión hablada. Téngase en cuenta que la evolución biológica –también llamada “darwiniana”– se fundamenta en la transmisión de información por vía genética de generación en generación, requiriendo miles, decenas de miles o centenas de miles de años para incorporar cambios y mejoras. La evolución cultural, por el contrario, se basa en la transmisión de información por vía visual y del lenguaje, y pasa de individuo a individuo en tiempo real o diferido, en una misma generación, o a las siguientes inmediatas o próximas. Lo que yo aprendo puedo enseñárselo a mi hijo, a mi vecino, o a cualquier humano del futuro si lo dejo anotado en un libro. Por eso, la evolución cultural auspiciada por la mente es extraordinariamente rápida comparada con la biológica o darwiniana. En algunos otros animales se da también la transmisión cultural, pero de forma muy limitada (aprendizaje visual directo). Por lo pronto, los humanos nos hemos descolgado de la evolución biológica darwiniana, que es la que prima en todos los seres vivos. En nuestra especie, ya no son solo los factores selectivos naturales los que controlan la probabilidad de dejar descendencia, sino que son los culturales (fobias, filias, tabús, religiones, castas, dinero, voluntades, codicia, etc.) los que adquieren mayor relevancia, lo mismo que los avanzados logros de la medicina y tecnología, incluida la capacidad de manipular nuestro propio genoma. Y todo ello ocurre sin que se hayan anulado por completo los comportamientos innatos que nos corresponden como mamíferos, los llamados instintos animales (reproductor, cazador, prote­ctor, etc.). La cultura se encarga de domeñarlos, suprimirlos o encauzarlos hacia esquemas éticos propios de los humanos, pero no dejan de estar ahí y surgen a poco que falte el control, o particularmente, en situaciones de riesgo individual o colectivo. Pero este es otro tema que quizás merezca un ensayo aparte.</p>
<p>Lo interesante, bajo la óptica de la teoría de sistemas, es que tanto la evolución biológica como la evolución cultural, son sistemas complejos adaptativos; es decir, que se proyectan en el tiempo sometidos a la selección del medio que elimina los ensayos que no funcionan y favorece lo que sí, de modo que el sistema aprende, se adapta y progresa. Otros sistemas complejos adaptativos son el lenguaje, o el sistema inmunológico, o el mercado, y por muy dispares que sean sus elementos, su funcionamiento es básicamente el mismo, y permite hacer comparaciones reveladoras.</p>
<p>La mente es una propiedad emergente de la biología, como la biología es una propiedad emergente de la química, y esta a su vez lo es de la física. Si la mente y la evolución cultural no se hubiera producido, <em>Homo sapiens </em>seguramente se habría diversificado en un ramillete de especies adaptadas a su particular patria geográfica, y no podrían cruzarse sexualmente, aunque tuvieran oportunidad de hacerlo. Pero la mente aporta conciencia, anticipación, determinismo y otros aspectos de comportamiento –como son los actos guiados por la ética o sentimientos religiosos– desconocidos hasta entonces en la evolución animal. El caso es que los humanos, con nuestra capacidad de trasladarnos muy incrementada mediante la domesticación de otros animales o empleando artilugios tecnológicos, hemos roto las barreras de nuestro aislamiento geográfico originario, entrando en simpatría secundaria. ¿Y qué está ocurriendo? ¿Nos fundiré­mos en un todo común e igual, o nos diferenciaremos cada vez más y más rápidamente?</p>
<p>En nuestra especie, como amalgama biocultural que somos, la respuesta no es tan simple. Cierto es que el racismo de corte biológico, los guetos, el ostracismo contra los mestizos, o las luchas directas entre grupos étnicos, son muestras inequívocas de que hay presión biológica hacia una separación forzada, expresada en forma social; pero no es menos cierto que el factor cultural complementa, modula o distorsiona el factor biológico. Ideas como la equidad, la justicia, la no discriminación por razas, la solidaridad, la igualdad de los derechos humanos o la de ciudadanía, son potentes moduladores de las tendencias biológicas capaces de anular la tendencia a la disgregación. El racismo de entronque biológico ha sido superado en muchas civilizaciones y las “subespecies” van camino de fundirse a pesar de las diferencias en el color de la piel, el olor, la forma de los ojos o la textura del pelo. Digamos que hay una tendencia hacia la panmixia. Nos asombraría conocer la mezcla de alelos de distinta procedencia que atesora ya el ADN de cada uno.</p>
<p>Pero si uno analiza las manifestaciones del racismo, podrá advertir que además del biológico, también lo hay de corte cultural –llamémosle xenofobia– , y uno y otro operan a menudo de manera conjunta. El rechazo frente a otras culturas bien podría ser el mecanismo equivalente que opera en la evolución biológica, expresado en la evolución cultural. Ambos son sistemas complejos adaptativos, como ya se dijo, y no tendría nada de extraño que funcionasen de modo similar.</p>
<p>Los niveles y formas de tribalismo, desde el nivel básico de la familia, a la tribu, al gremial, al nacional o al religioso, son formas protectoras del “yo” –o presunto “gen egoísta” de Dawkins– que entroncando en lo biológico se mezclan para acabar en lo estrictamente cultural. Desde el más arcaico tribalismo hasta la más avanzada civilización racionalista, hay toda una panoplia de situaciones en la que la mente, con su razón, se impone en lo social, a los instintos más básicos.</p>
<p>Todo esto sugiere que las culturas son entidades equiparables a las especies biológicas, sujetas a evolución cultural y partícipes de los mismos tipos de mecanismos de selección y segregación de los sistemas complejos adaptativos. Admitamos que los efectos de la simpatría secundaria biológica podrían ser refrenados y superados por los esquemas culturales, pero ¿qué pasaría si existiese una simpatría secundaria de tipo cultural con efectos igual de profundos y sistém­icos? ¿Quién lo superará? ¿La propia cultura?</p>
<p>El reencuentro de culturas que se han diferenciado en alopatría puede acabar, si no eran muy diferentes, con la fusión de ambas o en una tolerancia más o menos consentida. Pero si había diferencias importantes, cabe esperar un recrudecimiento de los aspectos separadores, incluso de manera brusca o violenta, particularmente si se las fuerza a la convivencia.</p>
<p>Fenómenos recientes como el turismo y sobre todo la globalización, están poniendo a prueba los niveles de tolerancia y resistencia cultural, y parece que en más de un caso han superado la resiliencia del sistema, desatado mecanismos de autoafirmación y rechazo de todo tipo; léase un repunte de la xenofobia/racismo y los nacionalismos.</p>
<p>Podría ser distinto, pero todo apunta a que los humanos estamos lejos de fundirnos en una única civilización universal, en una panmixia ideológica. Es el deseo de muchos, pero nada probable. Si la hipótesis de simpatría cultural secundaria resultara ser cierta, las culturas están abocadas a enrocarse, a encerrarse en sí mismas y diferenciarse cada vez más de las más dispares. Es el mismo mecanismo que fuerza a las especies biológicas a separarse, solo que aquí se diferenciarían las culturas dentro de la misma especie. Nótese, que los medios, las películas, o Internet cuelan determinadas culturas en otros ámbitos culturales sin necesidad de la presencia física de individuos. Algo nuevo, cuyas manifesta­ciones más extremas quizás estén aún por verse. Si la globalización –propiciada por el mercado y las redes de comunicación– no ceja su presión homogeneizadora, es muy posible que nos conduzca a nuevos tiempos de barbarie, de regreso a la tribu; tiempos aciagos y oscuros para la ciudadanía universal con la que muchos soñamos.</p>
<p>Como colofón, cabe preguntarse si ese mercado que podría traernos consecuencias desagra­da­bles, y que parece gobernarlo todo en los tiempos actuales, es realmente un instrumento manejado por los humanos al servicio de sus intereses humanos, o si, por el contario, es un nuevo sistema emergente en nuestro planeta –emanado de la mente, en este caso– que se nutre de información, con su propia dinámica y escala global, en el que los humanos y nuestros artilugios pasamos a ser meros elementos constitutivos; es decir, piezas del ajedrez y no los jugadores.</p>
<p>Pero éste es también asunto para otro ensayo.</p>
<p><em>Antonio Machado Carrillo</em></p>
<p>La Laguna, 15 abril 2017</p>
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		<title>DÍA DE LA CONSTITUCIÓN, DÍA PARA SOÑAR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Dec 2016 17:14:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En estos tiempos de zozobra intelectual y vapuleo de los principios democráticos bajo la presión de los intereses de partido, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En estos tiempos de zozobra intelectual y vapuleo de los principios democráticos bajo la presión de los intereses de partido, de las miserias locales, o por mero acojone mediático, es momento de recordar que el 6 de diciembre, día de la Constitución, es más que un día festivo. Es un día para soñar.</p>
<p>Los españoles nos hemos dotamos de una Constitución; sentamos las bases de un estado de derecho, y lo venimos intentando con un pueblo que, esencialmente, no es democrático. Esto lo convierte en tarea difícil, y de ahí los trompicones y desatinos.  El tribalismo ínsito a las personas no cambia de la noche a la mañana, y menos en tiempos de crisis y miedos que azuzan los instintos más protectores: primero lo mío, luego lo tuyo, y después los otros. El progreso en cotas de civilización va en sentido contrario, y es un proceso de racionalismo que reclama tiempo y maceración. El camino es largo, pero es la mejor ruta que conocemos hacia una convivencia en positivo, sin malas babas y sin resentimientos gremiales, de clase, o históricos. La ‘ciudadanía’ que nos ofrece la Constitución es un sueño que inspira a quienes comprenden su significado y calado, y hacia él han de ir nuestros esfuerzos, procurando que aflore la igualdad -sin matices- de entre tanto nacionalismo excluyente o igualitarismo demagógico. Sé que el empeño es como querer leer un periódico un día de viento. Pero hay que perseverar…</p>
<p>Ojalá que los cambios que se avecinan con nuestra realidad parlamentaria, sirvan para retocar algunos flecos de la Carta Magna que permitieron el consenso allá en 1978, pero que ahora resultan cuanto menos incómodos. Sí, ojalá lo consigamos en positivo y sin adulterar los principios democráticos que atesora, y que hacen de nuestra Constitución el bien presente más preciado que, como conjunto de seres humanos, hemos sabido otorgarnos. Sigamos soñando, pues, como ciudadanos, y brindemos hoy por nuestra Constitución: ¡Feliz cumpleaños!&#8230; y que cumplas muchos más.</p>
<p>Antonio Machado Carrillo (afiliado de UPyD)</p>
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		<item>
		<title>El ENANO DEL REY</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Mar 2016 09:13:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Moisés se dedicaba a tallar la madera y tomó gusto por hacer enanos de jardín a los que coloreaba y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Moisés se dedicaba a tallar la madera y tomó gusto por hacer enanos de jardín a los que coloreaba y daba algún rasgo distintivo, de modo que cada parterre o balconada habitado por una de sus esmeradas tallas, adquiría un sello propio que todos los afortunados propietarios tenían en gran estima.</p>
<p>Una buena mañana, soleada y adornada por el trinar de las aves, Moisés oyó cómo el repiqueteo de los cascos de caballo de una calesa cesaba al llegar a la altura de su taller. Dejó el buril a un lado, se limpió las virutas de madera del mandil, y esperó atento a las sombras que se filtraban bajo la puerta. Poco tardó en presentarse un personaje bien rasurado y peinado, ataviado de ricas telas, y con ademanes cortesanos, que así habló:</p>
<p>‒ ¿Eres Moisés el artesano que hace enanos?</p>
<p>‒ Sí, lo soy; para servirle­‒, respondió nuestro hombre con una breve inclinación de cabeza en reconocimiento a la hidalguía que percibiera en su interlocutor.</p>
<p>‒ Soy el chambelán del Rey. Hasta palacio ha llegado la fama de tus enanos y Su Majestad quiere que le hagas uno para adornar su patio privado.</p>
<p>‒ Nada más fácil, mi señor‒, y diciendo esto se giró y tomó el primer enano que, alineado con otros, descansaba en una repisa a sus espaldas, y se lo ofreció a su distinguido visitante con una sonrisa beatífica.</p>
<p>Ello provocó una sonrisa no menos beatífica en el chambelán, y como si explicase a un colegial la obviedad más obvia del universo, le aclaró benévolo mientras abría mucho los ojos:</p>
<p>‒ Mi querido maese Moisés; creo que igual no me he explicado bien. Se trata de un enano para el Rey …</p>
<p>La respuesta del buen artesano, no se hizo esperar:</p>
<p>‒ Excelencia; todos mis enanos están hechos como si fuesen para el Rey.</p>
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		<title>DÍA EUROPEO DE LOS PARQUES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 May 2015 10:07:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aprovechando el “Día Europeo de los Parques 2015” que se celebra el próximo 24 de mayo, me gustaría expresar una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Aprovechando el “Día Europeo de los Parques 2015” que se celebra el próximo 24 de mayo, me gustaría expresar una inquietud suscitada por rumores que circulan en torno al Parque Nacional del Teide, del que fui Director-Conservador hace muchos años, cuando estaba bajo la tutela de la Administración Central. Se especula, como digo, sobre un posible cese de las actividades de interpretación en dicho Parque, o al menos, del cierre del centro de Interpretación Telesforo Bravo, que se encuentra adosado al Parador Nacional emplazado en Las Cañadas. Desconozco si se trata de un recorte presupuestario pasajero, como si la interpretación fuese el postre prescindible tras una larga pitanza, o de algo peor y con más calado.</p>
<p>De ser así, es que no se ha entendido bien para qué se crean los parques nacionales. Todo parque tiene dos propósitos: conservar la naturaleza y facilitar un contacto de las personas con ella, de forma compatible, obviamente. Ambos fines son indisolubles, y si falla una de estas patas, te caes.</p>
<p>Dicho de otra manera: si un parque, que se hace para las personas, no consigue ofrecerles una experiencia singular o íntima con la naturaleza, incumple como parque, bien porque el área en cuestión fue mal escogida para ser parque, o bien porque se está gestionando mal. Y en este contacto hombre-naturaleza, es donde la interpretación juega su papel, porque no todas las personas hablan la lengua de la naturaleza y se quedan solo con la cáscara visual. No se trata de instruir al visitante sobre medio natural, como tristemente se hace en muchas ocasiones, sino de mostrarle lo que no se ve, a interpretar colores, formas y procesos, a correr la moviola del tiempo hacia atrás y hacia adelante, y así percibir con el entendimiento aquello oculto a la mirada simplona. Jugar a ser un ave o un insecto, cambiar las perspectivas, adquirir y sentir empatía por otros seres vivos normalmente ignorados. La interpretación, bien desarrollada, es un potenciador del goce del visitante en un parque, y sin ella, la experiencia de la visita baja muchos puntos hasta casi pasar por un paseo banal al aire libre.</p>
<p>Espero que las nuevas autoridades que se han hecho cargo de los parques de Canarias reflexionen sobre lo que acabo de exponer. En el mundo de hoy, en el que la naturaleza recula a ritmo preocupante, los parques nacionales tienen una misión excepcional. No solo se trata de hacerse con el control de los presupuestos que llevan aparejados.</p>
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		<title>PARETO Y SAN MATEO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Dec 2014 19:12:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vilfredo Pareto, de origen italiano, nació en París en 1848. Desarrolló su vida profesional de ingeniero en Italia y Suiza. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Vilfredo Pareto, de origen italiano, nació en París en 1848. Desarrolló su vida profesional de ingeniero en Italia y Suiza. Entre otras muchas cosas, se dedicó a la Economía Política y Sociología. Al estudiar la propiedad de la tierra en Italia descubrió que el 20% de los propietarios poseían el 80% de las tierras, mientras que el restante 20% de los terrenos pertenecía al resto de la población, o sea, al 80% de los propietarios. Esta proporción se repite en un montón de fenómenos de lo más variopintos, desde la macroeconomía a los asuntos diarios. Así, por ejemplo, el 20 % de los artículos generan el 80 % de los movimientos en un almacén, o el 80 % del esfuerzo de desarrollo de un software produce el 20 % del código, mientras que el 80 % restante se logra con el 20 % del esfuerzo. La proporción 20:80 se conoce desde hace tiempo como el principio de Pareto y se asume, por su base empírica, como una simple fenomenología o regla de la naturaleza, sin más explicación: las cosas funcionan así.</p>
<p>Se atribuye a San Mateo (<strong>25</strong>:29) la difusión de la parábola de los talentos. Y dijo Jesucristo: “Porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Fue Ramón Margalef, un ecólogo español, quien aplicó metafórica­mente este principio a la Ecología. En las transacciones ordinarias entre formas de energía o con la materia se produce un intercambio digamos que “equilibrado”. Un cuerpo frío y uno caliente, puestos en contacto acaban por encontrar un equilibrio, a menudo dinámico, en el que se igualan las temperaturas: uno cede y el otro recibe. Sin embargo, cuando entra la información en juego, que también participa en todo intercambio, se produce algo que va instintivamente contracorriente. Cuando un sistema más informado interactúa con uno menos informado, el que más información tiene ganará más. Dicho de otro modo, le sacará más jugo a dicha información. Un ordenador con programas complejos y cargado de mucha información sacará más partido a unos pocos datos, que un ordenador pequeño con programas limitados.</p>
<p>Este principio que genera aparentes “desequilibrios” se conoce como el principio de San Mateo de Margalef. Y si se da en la naturaleza entre sistemas físicos o biofísicos acoplados, también ha de afectar a los ecosistemas antrópicos, donde la información juega un papel mucho más relevante debido a los procesos culturales (incluido los sociales y económicos). En consecuencia, la proporción 20:80 de Pareto podría radicar en la infodinámica y reflejar el resultado lógico de (des)equilibrio de la información al interactuar en sistemas acoplados. Una hipótesis a considerar: San Mateo explica a Pareto.</p>
<p>De ser cierta la hipótesis, merece una prolongada reflexión. Por ejemplo, la distribu­ción paretiana (20:80) de riquezas en una nación o las lacerantes diferencias Norte-Sur, podrían no ser un estado anómalo de desequilibrio generado por la codicia y la explotación de unos sobre otros, sino reflejar simplemente el estado normal de “equilibrio infodinámico” entre un sistema que contiene más información que otro.</p>
<p>La naturaleza no entiende de justicias, mas ello no supone que debamos conformarnos con una situación así, sobre todo si civilizadamente aspiramos a una distribución equitativa de la riqueza. Lo que nos desvelaría esta hipótesis, es que si queremos alcanzar un estado de reparto equitativo, habrá que forzar el sistema hasta un estado de desequilibrio y emplear recursos y energía para mantenerlo en él. Los humanos podríamos lograrlo con voluntad –ese extraordinario atributo de nuestra especie–, pero sólo tras captar y asumir el reto del proceso y la perseverancia que exigiría.</p>
<p>Cosas parecidas ocurren también en la naturaleza. La atmósfera de nuestro planeta, por ejemplo, está fuera de equilibrio químico con una presencia anómala de oxígeno en su seno. Ésta se logró y perpetúa porque la vida funciona inyectando oxígeno y retirando carbono continuamente. Un tremendo esfuerzo y un bello resultado, sin duda.</p>
<p>La equidad y la justicia también serían un hermoso resultado, en este caso, de la voluntad de los humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>PROSPECCIONES ¿CUESTIÓN DE ÉTICA?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Nov 2014 11:15:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el debate surgido sobre la conveniencia o no de realizar prospecciones petrolíferas y, llegado el caso, extraer petróleo en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En el debate surgido sobre la conveniencia o no de realizar prospecciones petrolíferas y, llegado el caso, extraer petróleo en los fondos marinos que median entre Canarias y Marruecos, hay un aspecto que no se ha consi­­derado y que atañe a la ética ambien­tal.</p>
<p>Se han esgrimido argumentos de riesgo ambiental, modelo energético obsoleto, o falta de reparto de los beneficios, este último a menudo camuflado torticeramen­te bajo otros paraguas. Pero es necesario plantearse también la siguiente cuestión ética.</p>
<p>La explotación de los recursos naturales no renovables conlleva su merma, a menudo riesgos ambientales importantes, y casi siempre la generación de residuos, que a veces pueden ser peligrosos o, cuanto menos, indeseables. Una ética ambiental básica y universal, plantearía, a mi enten­der, que si un estado desea desarrollarse o simplemente vivir mejor: primero, debe utilizar sus propios recursos naturales; segundo, asumir los riesgos que su explotación implique, y tercero, ocuparse en su territorio de los residuos generados.</p>
<p>Es antiético ambientalmente externalizar los “costes” ambientales. Es decir: recurrir a la explotación de recursos naturales no renovables en el extranjero cuando se tienen en el territorio propio; dejar que terceras partes corran con el riesgo implí­cito a la extracción o transformación de los recursos a base de ubicar las industrias en el extranjero, y, por último, desprenderse de los residuos indeseados mandándolos fuera, sea a otros estados o a aguas inter­na­cionales.</p>
<p>Salvo que cambiemos de modelo energé­tico o renunciemos al nivel de consumo del presente (temas urgentes a acometer, pero impensables a corto plazo), es una obliga­ción ética de España explotar los hidrocar­buros que pueda haber en su territorio y correr con los riesgos aparejados, sin perjuicio de que se tomen las debidas cautelas de seguridad e internamente se compense de algún modo a quienes asu­men los riesgos para su modelo económico o patrimonio natural (lo mismo que se hace cuando en un municipio se ubica el vertedero general y recibe los residuos de todos los demás).</p>
<p>Cuestiones aparte, aunque no inconexas, son el estudiar bien y valorar el alcance cierto de dichos riesgos, y el hacer com­prender a la ciudadanía el papel del petróleo en nuestro nivel de vida. Si cada uno de nosotros tuviese que ir a diario a un pozo a sacar cinco litros de petróleo con un cubo (dato de consumo de 2012), nos haría­mos cargo del coste real en hidrocar­buros que tiene el disfrutar nuestro nivel de vida (incluido el cubo, si es de plástico). Solo así comprenderíamos mejor la urdimbre de hipocresías que rodea todo este asunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿POR QUÉ EUROPA?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 May 2014 19:24:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/es/por_que_europa/">¿POR QUÉ EUROPA?</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net/es/">www.antoniomachado.net</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner"><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element" >
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			<p>Para mucha gente de mi generación, nacida en el 53 y aledaños, Europa era un referente foráneo. Los europeos eran otros, no nosotros. Se hablaba de España y de Europa, con los Pirineos separando ambos universos como una muralla montañosa e impenetrable, que así la dibujaban en los mapas que colgaban en la pared de la escuela. Fui de los afortunados que ya siendo adolescente pude viajar a Alemania o Inglaterra por cuestión de estudios. En los años sesenta y setenta no era tan sencillo ni habitual cruzar el charco como lo es ahora, y la mayoría que lo hacía iba en busca de trabajo. Trabajo, ese bien que vuelve a escasear en los tiempos que corren.</p>
<p>Allí vi y conviví con los europeos, y a pesar de no tener problemas con el idioma, eran muchas las diferencias de bienestar, de higiene y las maneras de hacer las cosas, como para no reafirmar esa sensación o complejo de ser distinto, de ser menos, de venir de extramuros, extramontañas o extraocéanos.</p>
<p>Mi primer encuentro con la Europa que llevamos dentro fue de la mano de Salvador de Madariaga, un pensador que escribía cosas muy lúcidas en sus obras Prohombres y Procosas. Así, al asistir a una reunión técnica en el Consejo de Europa, en Estrasburgo, tuve una grata sorpresa al toparme con su busto a la entrada de la sala de conferencias. Mucho reflexioné sobre lo que había leído suyo, el lugar dónde estaba, y lo que yo pintaba allí. Y tras la intensa metamorfosis que se generó en mi cerebro, decidí agradecido ir a comprar un clavel rojo y depositarlo al pie de su efigie. Por cierto, que el humilde homenaje me costó una cifra escandalosa; un solo y simple clavel de los que a patadas se cultivaban entonces en mi isla.</p>
<p>Para entender Europa hay que mirarla como una flecha en el tiempo, con perspectiva histórica y no solo territorial. Decía don Salvador, que en su seno, con toda la suerte de gente distinta, idiomas, y formas de entender la vida, se ha amalgamado una cultura muy potente capaz de producir las ideas más bestias de la historia – y señalaba el genocidio metódico perpetrado por los nazis– y las ideas más avanzadas de civilización y racionalidad aplicadas al bien común, con la Revolución francesa y la Ilustración a la cabeza. Todo ello, y de ahí su valía, en un mismo espacio a la vez convulso y manso, unitario y diverso, esclavista y solidario … vital, en definitiva. A pesar de tanta trifulca, ahí sigue Europa navegando, capeando temporales, innovando y esparciendo su luz, la del intelecto, por toda su geografía y más allá de sus fronteras.</p>
<p>Me viene también al recuerdo unas palabras de Fernando Ordoñez, quien fuera Ministro de Asuntos Exteriores, dichas a la prensa en Barajas, de regreso de un viaje a África.: “¡Qué calentito se está en Europa!” – Fue su primer comentario a pie de avión y en medio de un aguanieve tremendo. Quienes hemos palpado la miseria que campa en determinadas regiones del mundo, entendimos esas palabras sentidas, nacidas quizás del horror contemplado.</p>
<p>Puestos a elegir, no me cabe la menor duda. Elijo Europa, consciente de lo que ha sido, lo que es hoy y del potencial que siempre tendrá por ser precisamente tan diversa y compleja. Y también tengo presente el privilegio que es vivir en la Comunidad Europea. Por eso, ahora me rilla cuando oigo hablar de España y de Europa como si fueran cosas distintas, como si siendo lo primero no se fuera lo segundo; lo mismo que Canarias es España, o Tenerife es Canarias.</p>
<p>Próximo el día fijado para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo, debería estar ayudando a hacer campaña a los compañeros del partido en el que, ya mayor, he decidido militar como simple praxis cívica. Sin embargo, aparte de escribir estas líneas, voy a comprar un pincel y pintura de colores. Tengo en casa una matruska traída de Rusia; una de esas muñecas de madera que se abre por la mitad y dentro tiene otra más pequeña y así otra y otra, hasta la más enanita. Empezaré por esa última y le dibujaré los colores de mis isla; blanco y azul; la siguiente con la bandera canaria; luego irá la roja y gualda de España; después la azul de Europa con todas sus estrellitas, y para las dos que quedan, esbozaré primero la superficie de los mares y continentes del planeta, nuestra biosfera, y acabaré con la pieza más grande, pintándola toda oscura y con puntitos representando las estrellas y galaxias del Cosmos.</p>
<p>Así me veo como ciudadano y asumo mi esencia política multiescalar. Esas personas que separan una de las muñecas y se olvidan de las demás, o incluso se empecinan en enfrentarlas entre sí, solo pueden estar posesas por el tribalismo, un instinto importante en nuestra historia como humanos, pero a superar en aras a lo que hemos dado en llamar civilización. Y lo civilizado ahora y siempre, es acudir a votar, sea la que sea la muñeca que redobla el tambor.</p>

		</div>
	</div>
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		<title>¿ESPECIES PROTEGIDAS?</title>
		<link>https://www.antoniomachado.net/es/sobre-la-catalogacion-de-especies/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Apr 2014 17:17:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El estado de conservación de todas las especies silvestres nativas de un territorio dado ha de ser evaluado periódicamente a [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El estado de conservación de todas las especies silvestres nativas de un territorio dado ha de ser evaluado periódicamente a fin de tener criterio para, en su caso, tomar las medidas necesarias que eviten la desaparición y pérdida de cualquiera de ellas.</p>
<p>La evaluación del estado de conservación de las especies –o algunas de sus subunidades evolutivas independientes– es un proceso que concluye con una clasificación de las mismas en (1) aquellas cuya supervivencia no preocupa, (2) aquellas cuya supervivencia está amenazada (en peligro, vulnerables), y (3) aquellas de las que no se tiene suficiente información para abordar una evaluación objetiva. En este proceso es donde se aplican criterios técnicos ya conocidos, como los de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y muy particularmente los que concretan el supuesto tercero. Desafortunadamente, este último se suele pasar por alto con demasiada frecuencia, y ello comporta graves consecuencias.</p>
<p>Clasificadas las especies —de las que se tiene información– según su estado de conservación, se procede luego y de modo separado a valorar la necesidad de aplicarles un régimen jurídico específico de «<span style="text-decoration: underline;">protección especial»</span>, considerando no solo el estado de conservación, sino la viabilidad de las medidas requeridas, coste social, factores de oportunidad, etc.</p>
<p>La doctrina conservacionista internacional insiste en la necesidad de separar los dos procesos: primero la evaluación y luego la protección; el hacerlo de modo automático es una fuente de  desatinos y problemas anunciados. No tiene por qué haber una correspondencia directa y unívoca entre la categoría de amenaza y el nivel de protección requerido o viable. Especies en estado muy crítico pueden salvarse con medidas muy simples, y viceversa; especies poco amenazadas pueden requerir de una protección muy estricta para no pasar a una situación comprometida. Ciertamente, el hecho de que tanto para la amenaza como para el nivel de protección se venga utilizando el mismo término (p.ej. vulnerable, en peligro, etc.) induce a la confusión y lo lía aun más.</p>
<p>Finalmente, las especies seleccionadas se incluyen con el nivel o categoría de protección que se considere la más acertada (= necesaria + posible) en el instrumento jurídico de turno, trátese del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial o del Catálogo Canario de Especies Protegidas (antes llamado de «Especies Amenazadas»).</p>
<p>Existen catálogos maximalistas alejados de las capacidades reales de la sociedad para usarlos como instrumentos de conservación, que pasan por simples cartas a los Reyes Magos, si no fuese por la incertidumbre jurídica que generan y el potencial de atropellos que encierran. La mayoría de los ciudadanos viven ajenos a la existencia de un régimen jurídico de protección especial de las especies, hasta que se topan con él. Y esto no es bueno para los ciudadanos ni para las especies.</p>
<p>La protección especial de las especies biológicas implica eventuales limitaciones a los derechos privados de las personas y para ello, en un estado de derecho, debe ampararse en las oportunas garantías públicas. Por tanto, el expediente de cada propuesta de protección especial (o modificación, en su caso) con su justificación debería someterse a información pública antes de poder tramitarse como decreto que formalize la incorporación (modificación o exclusión) de la especie en el Catálogo o Listado de turno. Cocinar la protección en cenáculos tecnocráticos a escondidas de la sociedad es jugar al pierde.</p>
<p>Además, las incorporaciones y cambios de las especies en el catálogo o listado hechas por vía de ley, hurtan a la ciudadanía este proceso, dejándolo en manos y a criterio de sus representantes. No veo la necesidad de proceder así, ni me parece justificado ni deseable.</p>
<p>Hago estas reflexiones como aviso a navegantes que parecen haber abandonado los remos. Me consta que el actual <em>Catálogo canario de especies protegidas</em> está minado de especies que no precisan de protección especial para sobrevivir y que, por tanto, no deberían estar en él. Urge revisar el catálogo. Mientras tanto es un arma de doble filo: instrumento útil para la conservación, y arsenal de oportunidad para frenar torticeramente lo que se tercie.</p>
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