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	<title>Medio ambiente Archivos | www.antoniomachado.net</title>
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	<description>Dr. Antonio Machado. Biólogo multiuso (Entomología, Conservación de la Naturaleza, Política ambiental, etc.) con sede en las islas Canarias</description>
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	<title>Medio ambiente Archivos | www.antoniomachado.net</title>
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		<title>¿POR QUÉ HAY VIRUS?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 May 2021 15:01:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En estos tiempos extraños causado por la pandemia vírica del SARS-Cov2, no exentos de incertidumbre, miedo y confusión, he oído [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En estos tiempos extraños causado por la pandemia vírica del SARS-Cov2, no exentos de incertidumbre, miedo y confusión, he oído de casi todo, desde voces bastante sensatas y atinadas, a las más abyectas tonterías. Pero nadie parece haberse preguntado ¿por qué hay virus? ¿Son armas biológicas escapadas de ocultos laboratorios militares? ¿Son un castigo divino? o ¿son simples detalles de mal gusto que nos endilga la naturaleza?</p>
<p>¿Por qué hay virus? Los virus existen en este planeta desde muchísimo antes que nuestra especie, para empezar. La evolución los ha mantenido, y eso que no son seres vivos en el sentido de que no son autónomos ni autopoyéticos. Pero como subproductos de la materia viva —trozos de programas genéticos—, parecen estar sujetos a las leyes de la selección natural y la evolución, desde los más recónditos inicios de la vida. Entonces ¿por qué siguen existiendo ¿Cuál es su función en el ecosistema para que la naturaleza no prescinda de ellos?</p>
<p>Pues parece ser que sí que tienen un papel que desempeñar que, por obvio, puede pasar desapercibido a la, digamos, “preocupación global”. La función de los virus es podar las poblaciones que se pasan de rosca. Actúan como una válvula de seguridad. Cuando una especie aumenta en número de modo desmesurado, más allá de la sostenibilidad, hay mecanismos de muchos tipos que se activan para llevarlos a niveles menos peligrosos para el conjunto. En ratas, por ejemplo, el hacinamiento hace que los machos aumenten la agresividad y castren a mordiscos a sus congéneres, con lo que la población decae. Hay otras soluciones, como el despeñarse en masa por un acantilado como hacen los lemmings, y también las hay menos cruentas (reabsorción fetal, etc.), pero con el mismo resultado. Bueno, pues los virus parecen ser uno más de estos mecanismos de control.</p>
<p>Así, pues, lo que pretende el presente coronavirus —y otros que vendrán—, es podar la población de seres humanos que superamos con creces la biomasa que nos correspondería como un simple mamífero, y que ya alcanzando niveles disparatados en términos biosféricos (siete mil ochocientos millones de individuos). Lo que ocurre, es que eso de que empiecen morirse personas a mansalva, con nuestros mayores a la cabeza, pues en ellos se ensaña el virus, no nos convence para nada, y no queda otra salida que recurrir a la misma tecnología que nos ha permitido superar nuestras limitaciones biosféricas, para ahora intentar frenar los embates de virus, defendiéndonos con las vacunas. O nos vacunamos, incluso sin las garantías idóneas, o nos podan. La civilización y la naturaleza están en lucha</p>
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		<title>DÍA EUROPEO DE LOS PARQUES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 May 2015 10:07:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Aprovechando el “Día Europeo de los Parques 2015” que se celebra el próximo 24 de mayo, me gustaría expresar una inquietud suscitada por rumores que circulan en torno al Parque Nacional del Teide, del que fui Director-Conservador hace muchos años, cuando estaba bajo la tutela de la Administración Central. Se especula, como digo, sobre un posible cese de las actividades de interpretación en dicho Parque, o al menos, del cierre del centro de Interpretación Telesforo Bravo, que se encuentra adosado al Parador Nacional emplazado en Las Cañadas. Desconozco si se trata de un recorte presupuestario pasajero, como si la interpretación fuese el postre prescindible tras una larga pitanza, o de algo peor y con más calado.</p>
<p>De ser así, es que no se ha entendido bien para qué se crean los parques nacionales. Todo parque tiene dos propósitos: conservar la naturaleza y facilitar un contacto de las personas con ella, de forma compatible, obviamente. Ambos fines son indisolubles, y si falla una de estas patas, te caes.</p>
<p>Dicho de otra manera: si un parque, que se hace para las personas, no consigue ofrecerles una experiencia singular o íntima con la naturaleza, incumple como parque, bien porque el área en cuestión fue mal escogida para ser parque, o bien porque se está gestionando mal. Y en este contacto hombre-naturaleza, es donde la interpretación juega su papel, porque no todas las personas hablan la lengua de la naturaleza y se quedan solo con la cáscara visual. No se trata de instruir al visitante sobre medio natural, como tristemente se hace en muchas ocasiones, sino de mostrarle lo que no se ve, a interpretar colores, formas y procesos, a correr la moviola del tiempo hacia atrás y hacia adelante, y así percibir con el entendimiento aquello oculto a la mirada simplona. Jugar a ser un ave o un insecto, cambiar las perspectivas, adquirir y sentir empatía por otros seres vivos normalmente ignorados. La interpretación, bien desarrollada, es un potenciador del goce del visitante en un parque, y sin ella, la experiencia de la visita baja muchos puntos hasta casi pasar por un paseo banal al aire libre.</p>
<p>Espero que las nuevas autoridades que se han hecho cargo de los parques de Canarias reflexionen sobre lo que acabo de exponer. En el mundo de hoy, en el que la naturaleza recula a ritmo preocupante, los parques nacionales tienen una misión excepcional. No solo se trata de hacerse con el control de los presupuestos que llevan aparejados.</p>
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		<title>PROSPECCIONES ¿CUESTIÓN DE ÉTICA?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Nov 2014 11:15:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el debate surgido sobre la conveniencia o no de realizar prospecciones petrolíferas y, llegado el caso, extraer petróleo en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En el debate surgido sobre la conveniencia o no de realizar prospecciones petrolíferas y, llegado el caso, extraer petróleo en los fondos marinos que median entre Canarias y Marruecos, hay un aspecto que no se ha consi­­derado y que atañe a la ética ambien­tal.</p>
<p>Se han esgrimido argumentos de riesgo ambiental, modelo energético obsoleto, o falta de reparto de los beneficios, este último a menudo camuflado torticeramen­te bajo otros paraguas. Pero es necesario plantearse también la siguiente cuestión ética.</p>
<p>La explotación de los recursos naturales no renovables conlleva su merma, a menudo riesgos ambientales importantes, y casi siempre la generación de residuos, que a veces pueden ser peligrosos o, cuanto menos, indeseables. Una ética ambiental básica y universal, plantearía, a mi enten­der, que si un estado desea desarrollarse o simplemente vivir mejor: primero, debe utilizar sus propios recursos naturales; segundo, asumir los riesgos que su explotación implique, y tercero, ocuparse en su territorio de los residuos generados.</p>
<p>Es antiético ambientalmente externalizar los “costes” ambientales. Es decir: recurrir a la explotación de recursos naturales no renovables en el extranjero cuando se tienen en el territorio propio; dejar que terceras partes corran con el riesgo implí­cito a la extracción o transformación de los recursos a base de ubicar las industrias en el extranjero, y, por último, desprenderse de los residuos indeseados mandándolos fuera, sea a otros estados o a aguas inter­na­cionales.</p>
<p>Salvo que cambiemos de modelo energé­tico o renunciemos al nivel de consumo del presente (temas urgentes a acometer, pero impensables a corto plazo), es una obliga­ción ética de España explotar los hidrocar­buros que pueda haber en su territorio y correr con los riesgos aparejados, sin perjuicio de que se tomen las debidas cautelas de seguridad e internamente se compense de algún modo a quienes asu­men los riesgos para su modelo económico o patrimonio natural (lo mismo que se hace cuando en un municipio se ubica el vertedero general y recibe los residuos de todos los demás).</p>
<p>Cuestiones aparte, aunque no inconexas, son el estudiar bien y valorar el alcance cierto de dichos riesgos, y el hacer com­prender a la ciudadanía el papel del petróleo en nuestro nivel de vida. Si cada uno de nosotros tuviese que ir a diario a un pozo a sacar cinco litros de petróleo con un cubo (dato de consumo de 2012), nos haría­mos cargo del coste real en hidrocar­buros que tiene el disfrutar nuestro nivel de vida (incluido el cubo, si es de plástico). Solo así comprenderíamos mejor la urdimbre de hipocresías que rodea todo este asunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿ESPECIES PROTEGIDAS?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Apr 2014 17:17:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El estado de conservación de todas las especies silvestres nativas de un territorio dado ha de ser evaluado periódicamente a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El estado de conservación de todas las especies silvestres nativas de un territorio dado ha de ser evaluado periódicamente a fin de tener criterio para, en su caso, tomar las medidas necesarias que eviten la desaparición y pérdida de cualquiera de ellas.</p>
<p>La evaluación del estado de conservación de las especies –o algunas de sus subunidades evolutivas independientes– es un proceso que concluye con una clasificación de las mismas en (1) aquellas cuya supervivencia no preocupa, (2) aquellas cuya supervivencia está amenazada (en peligro, vulnerables), y (3) aquellas de las que no se tiene suficiente información para abordar una evaluación objetiva. En este proceso es donde se aplican criterios técnicos ya conocidos, como los de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y muy particularmente los que concretan el supuesto tercero. Desafortunadamente, este último se suele pasar por alto con demasiada frecuencia, y ello comporta graves consecuencias.</p>
<p>Clasificadas las especies —de las que se tiene información– según su estado de conservación, se procede luego y de modo separado a valorar la necesidad de aplicarles un régimen jurídico específico de «<span style="text-decoration: underline;">protección especial»</span>, considerando no solo el estado de conservación, sino la viabilidad de las medidas requeridas, coste social, factores de oportunidad, etc.</p>
<p>La doctrina conservacionista internacional insiste en la necesidad de separar los dos procesos: primero la evaluación y luego la protección; el hacerlo de modo automático es una fuente de  desatinos y problemas anunciados. No tiene por qué haber una correspondencia directa y unívoca entre la categoría de amenaza y el nivel de protección requerido o viable. Especies en estado muy crítico pueden salvarse con medidas muy simples, y viceversa; especies poco amenazadas pueden requerir de una protección muy estricta para no pasar a una situación comprometida. Ciertamente, el hecho de que tanto para la amenaza como para el nivel de protección se venga utilizando el mismo término (p.ej. vulnerable, en peligro, etc.) induce a la confusión y lo lía aun más.</p>
<p>Finalmente, las especies seleccionadas se incluyen con el nivel o categoría de protección que se considere la más acertada (= necesaria + posible) en el instrumento jurídico de turno, trátese del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial o del Catálogo Canario de Especies Protegidas (antes llamado de «Especies Amenazadas»).</p>
<p>Existen catálogos maximalistas alejados de las capacidades reales de la sociedad para usarlos como instrumentos de conservación, que pasan por simples cartas a los Reyes Magos, si no fuese por la incertidumbre jurídica que generan y el potencial de atropellos que encierran. La mayoría de los ciudadanos viven ajenos a la existencia de un régimen jurídico de protección especial de las especies, hasta que se topan con él. Y esto no es bueno para los ciudadanos ni para las especies.</p>
<p>La protección especial de las especies biológicas implica eventuales limitaciones a los derechos privados de las personas y para ello, en un estado de derecho, debe ampararse en las oportunas garantías públicas. Por tanto, el expediente de cada propuesta de protección especial (o modificación, en su caso) con su justificación debería someterse a información pública antes de poder tramitarse como decreto que formalize la incorporación (modificación o exclusión) de la especie en el Catálogo o Listado de turno. Cocinar la protección en cenáculos tecnocráticos a escondidas de la sociedad es jugar al pierde.</p>
<p>Además, las incorporaciones y cambios de las especies en el catálogo o listado hechas por vía de ley, hurtan a la ciudadanía este proceso, dejándolo en manos y a criterio de sus representantes. No veo la necesidad de proceder así, ni me parece justificado ni deseable.</p>
<p>Hago estas reflexiones como aviso a navegantes que parecen haber abandonado los remos. Me consta que el actual <em>Catálogo canario de especies protegidas</em> está minado de especies que no precisan de protección especial para sobrevivir y que, por tanto, no deberían estar en él. Urge revisar el catálogo. Mientras tanto es un arma de doble filo: instrumento útil para la conservación, y arsenal de oportunidad para frenar torticeramente lo que se tercie.</p>
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		<title>POLÍTICA AMBIENTAL PARA CANARIAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Feb 2014 22:20:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/es/claves-para-una-politica-ambiental-especifica-para-las-islas-canarias/">POLÍTICA AMBIENTAL PARA CANARIAS</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net/es/">www.antoniomachado.net</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner"><div class="wpb_wrapper">
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			<p>Las islas Canarias cuentan con un territorio limitado, ecológicamente frágil, rico en biodiver­sidad y superpoblado, en el que más de la mitad de la superficie de algunas islas se encuentra bajo régimen jurídico de especial de protección. Estas circunstancias no se dan en territorios continentales y exigen una especial atención y comprometida voluntad política para conjugar las necesidades de desarrollo de la población con la conservación de los recursos naturales y el paisaje insular, que son además de señas de identidad propia, el soporte de la principales actividades económicas de esta comunidad autónoma: el turismo y la agricultura.</p>
<p>A tal fin, las políticas públicas en material ambiental deberían guiarse por los siguientes principios:</p>
<ol>
<li>No ocupar nuevo territorio natural para ubicar usos que pueden encajar en otras zonas ya alteradas y en desuso.</li>
<li>Defender la singularidad del paisaje isleño, regulando el aprovechamiento publicitario que lo afecta, y desincentivando el empleo de modelos constructivos y clichés propios de otras culturas (caribeña, etc.).</li>
<li>Optimizar el uso urbano y agrícola del agua y su reutilización a través de tecnologías apropiadas, así como combatir los sistemas de distribución defectuosos.</li>
<li>Fomentar estrategias de bajo consumo energético y favorecer el desarrollo y uso de las energías limpias, sin perjuicio de la debida consideración del impacto de sus infraestructuras en el paisaje.</li>
<li>Planificar y gestionar los residuos a escala insular.</li>
<li>Revisar los niveles de protección atribuidos a las especies silvestres de Canarias con criterios técnicos y dando audiencia a las personas potencialmente afectadas por las aplicación de las medidas de protección requeridas.</li>
<li>Reforzar las medidas para impedir la introducción de nuevas especies exóticas invasoras y explicar su riesgo potencial en los principales puntos de entrada a las islas.</li>
<li>Fomentar la capacitación técnica de los responsables de patrimonio natural y asuntos ambientales en las instituciones canarias.</li>
<li>Mantener la red de parques nacionales bajo la tutela de la máxima autoridad legislativa del Estado.</li>
<li>Organizar la monitorización ecológica del medio terrestre y del marino en el marco de las políticas europeas sobre patrimonio natural, calidad de las aguas, y de la estrategia marina.</li>
<li>Simplificar el maquis legislativo existente en materia urbanístico-ambiental y de conservación.</li>
<li>Exigir a las autoridades responsables la definición de políticas ambientales expresas y públicas, con objetivos claros verificables, y con el compromiso de dar cuenta de los resultados obtenidos de modo periódico.</li>
</ol>
<p>La cuestión es que una democracia no puede prosperar con un mínimo de dignidad sobre un territorio que no tenga perspectivas ecológicas de futuro.</p>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<item>
		<title>POLÍTICA AMBIENTAL EUROPEA MÁS EFICAZ</title>
		<link>https://www.antoniomachado.net/es/reflexion-sobre-la-politica-de-conservacion-europea/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Oct 2006 13:21:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A menudo, para entender situaciones complejas, es necesario recurrir a los principios simples que en ellas subyacen y las determinan, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A menudo, para entender situaciones complejas, es necesario recurrir a los principios simples que en ellas subyacen y las determinan, y que normalmente encontramos en las ciencias llamadas “duras”, como la Física y, particularmente, en la Termodinámica.</p>
<p>La Ecología, con el apoyo de la Termodinámica, nos explica que un ecosistema evoluciona de modo natural desde estados juveniles, muy energéticos, disipativos y simples (baja diversidad), hacia estados de madurez , más autoorganizados, menos dinámicos y mucho más diversos y estructurados. Este proceso, que conocemos por sucesión ecológica, lleva pues el sistema hacia un estado en que se maximiza el rendimiento de la energía disponible para mantener una biomasa dada; estado que tiende a mantenerse en el tiempo y a enriquecerse en estructura y diversidad con el transcurso del tiempo a otra escala mayor (evolución).</p>
<p>Cualquier perturbación importante o entrada de energía adicional al sistema que supere la energía de cohesión de sus elementos (rebasa la resiliencia), provocará una reversión ─brusca o paulatina─ del sistema hacia estados de mayor juventud.</p>
<p>Considerada la tierra en su conjunto como un ecosistema, parece claro que la civilización viene insuflando energía adicional al sistema, sobre todo en las dos últimas centurias (civilización termoindustrial). Consecuentemen­te, el sistema se rejuvenece y, con ello, pierde diversidad. En otras palabras, la civilización (= energía) rejuvenece el ecosistema-planeta, oxida la biosfera y devora biodiversidad. Así, pues, si lo que se pretende es que no haya pérdida de biodiversidad, habría que suprimir la entrada de energía adicional al sistema.</p>
<p>Esta sencilla relación entre energía adicional y merma en diversidad parece ser desconocida por la política ambiental de la Unión Europea, que se ha fijado como objetivo, el detener la tendencia en pérdida de biodiversidad para el año 2010. Este objetivo es, según se ha expuesto, una falacia, pues el revertir el signo de la sucesión implicaría la renuncia al desarrollo tal como lo entendemos (= consumo de energía).</p>
<p>La nueva política de integración de los objetivos ambientales ─biodiversidad incluida en las políticas sectoriales, se centra en las políticas agrarias, de desarrollo rural, pesquerías y aspectos territoriales. La política energética es considerada en menor nivel y según concierne por su potencial de contaminación, quedando al margen su papel determinante en el rejuveneci­miento y simplificación de la diversidad natural del sistema (Europa, en este caso).</p>
<p>La mejor inversión en biodiversidad para la Unión sería aquella encaminada hacia la reducción de la liberación de energía en el sistema (= consumo energético), independiente de la fuente externa empleada (aunque siempre será preferible una fuente no contaminante). Este objetivo no tiene por qué llevar aparejado una reducción en los bienes y comodidades que la sociedad obtiene de dicho consumo energético. Un mejor uso de la información (del conocimiento) permite optimizar el rendimiento energético de los procesos. Así hace la naturaleza en los estados maduros de los ecosistemas (se mantiene el máximo con el mínimo de energía), y esta sería una buena estrategia a seguir.</p>
<p>En definitiva, una política europea de sustentabilidad que incluya el mantenimiento del máximo de biodiversidad posible, habría de centrarse en ”la reducción del consumo energético combinada con la mejora de la eficiencia energética, basada en el conocimiento”; un claro y crucial objetivo complementario para la política de I+D.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio Machado</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong></p>
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			</item>
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		<title>PREMIO MEDIO AMBIENTE «CÉSAR MANRIQUE»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Jun 2005 09:57:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una ocasión como esta, creo obligado hacer una reflexión sobre el premio concedido, empezando por agradecer a todos ustedes [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.antoniomachado.net/es/aceptacion-del-premio-medio-ambiente-cesar-manrique/">PREMIO MEDIO AMBIENTE «CÉSAR MANRIQUE»</a> aparece primero en <a href="https://www.antoniomachado.net/es/">www.antoniomachado.net</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En una ocasión como esta, creo obligado hacer una reflexión sobre el premio concedido, empezando por agradecer a todos ustedes –de corazón– el que estén aquí presentes. Agradecer también las palabras de Isidoro Sánchez, que como habrán podido comprobar, son palabras de viejo compañero de fatigas y de amigo, influidas por la nostalgia y por el recuerdo de algún que otro vaso de vino compartido. ¡Gracias Isidoro! por todo lo que has dicho –incluidas las exageraciones–, y por estar ahí, como siempre. Y mi agradecimiento, por supuesto, a todos los miembros del jurado de esta edición del Premio Medio Ambiente “Cesar Manrique”, que son los auténticos culpables este buen trance.</p>
<p>Sin demérito para ninguno de ello, si quiero, no obstante, destacar mi gratitud más cálida y sentida a Pedro Luis Pérez de Paz, palmero y botánico, porque me consta que fue él quien defendió mi candidatura con un ardor y elocuencia que sólo pueden surgir de un convencimiento sincero. Y partiendo de Pedro, es un honor muy personal. Así lo siento y deseo manifestarlo en público.</p>
<p style="text-align: center;"> * * *</p>
<p>Ahora bien, como quiera que Isidoro ha rebobinado la cinta del tiempo para recordarnos –como hace el propio premio– que ya nuestro pelo pinta gris; quiero yo también contar una anécdota del pasado –sólo una– que tiene bastante que ver con el día de hoy.</p>
<p>En Mayo de 1977, hace la friolera de 28 años, me encontraba yo en Harpers Ferry, Virginia, en Estados Unidos. El ICONA me había enviado a participar en un curso de planificación interpretativa organizado por el Servicio Federal de Parques Nacionales. Una buena tarde, el tutor que me asignaron –de nombre Jerry– me citó en su pequeño despacho, y allí me hizo sentar en una silla frente a la suya, a corta distancia. Tras unas pocas palabras de cortesía, fue directamente al grano y me preguntó.</p>
<p>–¿<em>Tu te quieres dedicar a la conservación?</em></p>
<p>– <em>Si</em>. –respondí convencido y lo más serio que pude.</p>
<p><em>    – Bien, pues dame tu mano derecha.</em></p>
<p>Así hice, la tomó y la levantó, manteniéndola erguida.</p>
<p><em>    – No olvides lo que te voy a decir, y ahora, dame tu mano izquierda</em>.</p>
<p>Así lo hice también, de modo que acabé con los brazos en cruz y con un rostro orondo frente a mí, a pocos centímetros de distancia.</p>
<p>Solo entonces recordé que el amigo Jerry pertenecía al “otro” bando en cuestiones de ortodoxia sexual; bando contra el que no tengo nada en contra mientras no me quieran hacer feliz a la fuerza.</p>
<p><em>–</em> ¡<em>Oh, oh¡</em>– me dije–, <em>has caído como un cándido palomo</em>…</p>
<p>Sin embargo, cuando la alarma supongo que afloró en mi rostro, Jerry cogió un voluminoso tomo negro de leyes y lo colocó en mi mano izquierda.</p>
<p>– <em>Recuerda, – </em>y se puso serio– <em>siempre que trabajes en conservación con tu mano derecha, en la izquierda han de estar las leyes</em>.</p>
<p>Y lo he recordado bien. De hecho, esta simple anécdota ha marcado mi vida profesional. Los biólogos somos eminentemente biófilos; amamos la vida en todas sus formas de expresión e, indirectamente, acabamos por enfadarnos con nuestra propia especie por el torpe modo en que trata a plantas, a animales y al medio ambiente en general. El hombre acaba por perfilarse casi como un enemigo, como un parásito de la naturaleza. Y esto es una aberración. La naturaleza se protege del hombre, pero se protege para el hombre.</p>
<p>En aquellos años setenta, el ecologismo vivía momentos efervescentes y la Facultad de Biología de la Universidad de La Laguna sacaba hornadas de biólogos militantes de la causa verde, en cualquiera de sus tonalidades. Más que ecólogos, formaba ecologistas. Hoy lo sigue haciendo.</p>
<p>Pero cuando se trabaja en la función pública, los valores personales son eso: personales, y no tienen por qué coincidir con los consensuados por la Sociedad; consenso que se recoge y viene expresado en las leyes. Podemos tener muchos datos; podemos tener la razón, pero ello no nos legitima para actuar o imponer nuestro parecer. La razón no legitima. O dicho de otro modo: el Parlamento legitima la sinrazón.</p>
<p>Cuando, sin cobertura legal, se emplea la razón para justificar cualquier acción pública, nos enfrentamos simple y llanamente a formas de tecnocracia antidemocráticas; formas contrarias al estado de derecho y no exentas de peligro. En materia ambiental es fácil encontrar argumentos que “justifiquen” una acción redentora, y sin que nadie le llame, puede surgir cualquier iluminado que tome el mando para salvarnos de nuestra propia torpeza. El ecofascismo es un riesgo cierto en nuestra sociedad moderna; quizás el único con argumentos de peso para autojustificarse.</p>
<p>La Ley es la única vía civilizada para cambiar las cosas. Y si las normas vigentes son obsoletas y no afrontan los nuevos retos emergentes, pues hay que cambiarlas o crear nueva normativa siguiendo el procedimiento democrático. No vale decir que la ley no sirve y saltársela. Desde luego, no en la vida pública.</p>
<p>Nadie debe estar por encima, ni actuar al margen de la Ley. Esto lo he repetido a muchos compañeros biólogos que se han incorporado a la Administración, y también es algo que habría que recordar a algunos dirigentes políticos, pues parece que lo olvidan. ¡Nada ni nadie, por encima de la Ley! Lo repito, por si hay algún desmemoriado cerca.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Espero que esta reflexión haya servido para explicar porqué un biólogo, como soy yo, recibe hoy un premio por su labor en el ámbito legislativo. Cuando empecé a trabajar profesionalmente, hace 30 años, en nuestro país faltaba prácticamente todo el régimen jurídico para afrontar la conservación con propiedad y legitimadamente. Por eso me lié a preparar borradores legislativos que, con mayor o menor suerte, han acabado formando parte del presente cuerpo jurídico de conservación, aunque alguno sigue coleando. El borrador de anteproyecto de Ley de Biodiversidad de Canarias lo entregué en Febrero de 2002, y actualmente se encuentra en trámite parlamentario, al parecer estancado. Espero que la demora que sufre, sea solo pasajera.</p>
<p>Y aprovecho este punto para hacer justo homenaje a una persona que debería estar aquí a mi lado. Aunque me esforcé en estudiar técnica legislativa a conciencia, el verdadero sentido de la Ley como norma de convivencia, expresión de los valores de la sociedad, y único instrumento civilizado para defendernos de las inmunidades del poder, lo aprendí de un gran jurista, a quien cariñosamente llamo “sensei”, el maestro. Todos los borradores legislativos los trabajamos juntos y es mucho lo que debo y debemos a “sensei”. José Javier Torres Lana, se que estás por ahí. Por favor, ponte en pié y recibe al menos mi aplauso y gratitud.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>El premio de medio ambiente que otorga la Consejería de Política Territorial del Gobierno de Canarias lleva el nombre de César Manrique. Un honor y una responsabilidad que asumo gustoso. César siempre decía que había que cambiar las leyes, y recuerdo que yo le rebatía que no, que lo que había que cambiar eran los alcaldes. Hoy sé que tenía razón y a ello he dedicado una parte de mi vida. Pero también es verdad que la ley es un instrumento, un maravilloso instrumento, empero exento de voluntad. Sin voluntad política la ley no funciona. O sea, que yo también tenía algo de razón. Para conseguir una sociedad ecológicamente más sostenible, también habría que cambiar unos cuantos alcaldes.</p>
<p>César Manrique fue un hombre excepcional, con una sensibilidad extraordinaria hacia su tierra y el paisaje. A través de su desbordante pasión supo influir en la sociedad y despertar la conciencia ambiental. César dejó huella en Lanzarote y en todos los canarios. Su compromiso es hoy un referente ejemplar.</p>
<p>Yo he intentado hacer mis pinitos con programas de divulgación de la naturaleza, charlas, conferencias y demás inventos…, pero no cabe comparación. La racionalidad es buena consejera, pero no arrastra corazones ni voluntades. Por eso, cuando después de tanto esfuerzo sincero, uno hace repaso de los logros, a menudo pesa más lo que quedó en el tintero –lo que se pudo hacer y no fue– que lo realmente conseguido. Dicen que las sociedades cambian despacio, pero no es consuelo para alguien exigente y desesperado, máxime cuando el deterioro ambiental sí que avanza rápido. Y ya lo dijo Churchil: El esfuerzo sin resultados produce melancolía.</p>
<p>Desde esa melancolía aprovecho hoy para animarles a todos ustedes a tener más presente el medio ambiente, ese hogar común que no nos debería ser ajeno, e invito especialmente a nuestros parlamentarios a que retomen el proyecto de Ley de Biodiversidad de Canarias y le den el último empujón. Ese sí que sería un magnífico premio, y espero que no solo para mí. Al menos, hay que ser optimista sobre el futuro del pesimismo.</p>
<p>Y concluyendo con este arrebato de optimismo, he decirles que la melancolía también se cura con premios como éste. Así que no pierdan la costumbre. Muchas gracias a todos, de corazón.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Palabras pronunciadas en el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz el 3 de junio de 2005 con ocasión de recibir el Premio Medio Ambiente «César Manrique» que otorga el Gobierno de Canarias .</em></p>
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		<title>LANZAROTE, BIODIVERSIDAD Y DESARROLLO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 Mar 2001 12:31:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando George Busch se negó a firmar el Convenio sobre la Diversidad de la Vida, en la Cumbre de Río [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando George Busch se negó a firmar el Convenio sobre la Diversidad de la Vida, en la Cumbre de Río (1992), hizo indirectamente un gran favor al lanzamiento definitivo de un concepto que hoy impera en el mundo conservacionista: la biodiversidad.</p>
<p>Tradicionalmente, los biólogos se han ocupado de estudiar la diversidad de la vida en sus variadas expresiones morfológicas, fisiológicas o de comportamiento; es decir, de la biodiversidad como un atributo de la vida. Pero la Cumbre de Río introdujo un importante matiz en el concepto, equiparando la biodiversidad a un recurso. La biodiversidad es el conjunto de genes, especies y ecosistemas de un territorio determinado. Y es así como surge un renovado interés por la conservación de este patrimonio genético que, al margen de su función ecológica en el mantenimiento de los ecosistemas, es algo cada vez más tangible en virtud de los avances en biotecnología. El proyecto Genoma Humano, el caso de la oveja Dolly o incluso la hipótesis genética que subyace en la trepidante novela de Critchon, Parque Jurásico, son buenos exponentes de los potenciales que se esconden en los genes: esas cosas invisibles por pequeñas, que están preñadas de información aprovechable para el interés del hombre.</p>
<p>La biodiversidad, en sus tres componentes: genes &#8211; especies &#8211; ecosistemas, es objeto de inventario por parte de cada nación, y muy pocas naciones no son conscientes aún de que el mantenimiento y futuro de nuestra especie en el planeta se soporta sobre la biodiversidad. Esto es válido sobre todo a escala global, y algo menos a nivel regional o de una simple isla. Cualquier territorio puede ser forzado para albergar más carga humana, bien incrementando tecnológicamente el rendimiento de los recursos locales, o bien importando lo que escasea o, sencillamente, no se tiene. En tales casos, unas regiones explotan y parasitan a otras.</p>
<p>Viene al caso este preámbulo para acabar con la falacia de presentar a Lanzarote como un modelo de «desarrollo sostenible». Lanzarote hace tiempo que dejó de vivir de sus propios recursos naturales, que siempre fueron limitados. La actual población humana de la isla se sustenta en las copiosas importaciones de alimento y energía que entran a diario a través de sus puertos. Cualquier isla que tenga que desalar agua de mar empleando combustibles fósiles importados está, por definición, fuera del marco de la sostenibilidad ecológica. Y si la memoria no me falla, el desarrollo sostenible es un taburete de tres patas: sostenibilidad social, sostenibilidad ecológica y sostenibilidad económica.</p>
<p>Es en este contexto, en el que debemos valorar el interés relativo de la biodiversidad de la isla. En Lanzarote se han contabilizado unas 600 especies de plantas silvestres, 430 de escarabajos, más de 250 líquenes distintos, 73 especies de arañas, unas 30 aves nidificantes, 17 especies de mariposa, etcétera, etcétera. No se trata de grandes cifras si se comparan con otras islas o regiones más húmedas, pero lo destacado de la biodiversidad insular no es el número de especies presentes, sino la particularidad de que muchas de ellas son exclusivas de la isla (15 plantas, 33 escarabajos, etc.) Se trata pues de endemismos, especies que si se extinguen en Lanzarote, desaparecen del planeta y con ellas los genes potencialmente explotables que atesoran. No menos importantes son las variedades de hortalizas que el agricultor conejero</p>
<p>ha seleccionado y moldeado a través de los tiempos; sus formas de cultivo e, indirectamente, los paisajes que de ello resultan. Biodiversidad antropogénica, por decirlo en otros términos.</p>
<p>Ahora bien, ¿seguirá la isla funcionando ecológicamente si desaparecieran estas especies?. Probablemente sí. De hecho, el desarrollo ya acontecido se ha cobrado una cuota importante en alteración de los hábitats naturales, y la lista de especies autóctonas desaparecidas o en peligro de extinción es un lapidario anunciado. Por otra parte, la cantidad global de plantas y animales registrados no para de aumentar debido a Ia introducción continua de especies foráneas o exóticas que el comercio del hombre favorece de modo importante. Más de un tercio de la actual flora silvestre de Lanzarote es exótica, y estas plantas invasoras también quitan espacio a las nativas y endémicas. Lo mismo ocurre con los cultivos autóctonos. Y si queremos ahumar más el panorama, sólo hay que pensar en la contaminación directa del agua y el aire, o en el continuo incremento de basuras y residuos recalcitrantes.</p>
<p>En términos generales, la biodiversidad ha aumentado en la isla, pero a costa de una merma importante en lo que es patrimonio o biodiversidad propia. Un trueque estúpido: auténtico por banal, calidad por cantidad.</p>
<p>La globalización sea quizás el fenómeno más característico de este final de siglo, y la industria turística uno de sus fieles secuaces. En su cara oscura, la globalización devora diversidad, tanto biológica como cultural. Globalización y biodiversidad tienen mucho de antagónicos, con el agravante de que las pérdidas en biodiversidad son irreversibles. Las especies se extinguen para siempre.</p>
<p>Y si la isla está ya inserta en un modelo de desarrollo ecológicamente no sostenible ¿qué más da que se pierdan unas cuantas especies más, o que los paisajes tradicionales isleños se transmuten en otros ajenos? Pues sí importa, porque además de nuestra responsabilidad internacional como custodios de especies únicas de fauna y flora, la situación en la isla puede empeorar y hacerse aún más insostenible. Nuestro bienestar no está garantizado en absoluto.</p>
<p>Pensemos, por ejemplo, en el creciente interés por lo auténtico que el propio fenómeno de la globalización está despertando en la sociedad del «hombre blanco». Lo auténtico, aquello que se da por sí mismo, sin premeditación comercial, acabará por ser lo más escaso y lo más codiciado en un futuro no muy lejano.</p>
<p>Lanzarote ha sido y sigue siendo una isla relativamente auténtica, con paisajes, ecosistemas y especies animales y vegetales propios. Ahora es cuestión de averiguar si el turismo, al que nuestra economía está enganchado, seguirá considerando atractiva una isla progresivamente banalizada. Es cuestión, sobre todo, de que los conejeros decidan si prefieren vivir en un entorno con señas de identidad propia o en un potpurrí de clichés importados. Las plantas y los animales de la isla, por descontado, no tienen elección.</p>
<p>La pata de la sostenibilidad ecológica ya está tocada. Ahora está en juego la sostenibilidad social. Y, créanme, que si estas dos fallan, la economía también caerá.</p>
<p>Antonio Machado Carrillo</p>
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		<title>TURISMO (IN)SOSTENIBLE EN CANARIAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Apr 1995 20:03:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Turismo]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No hay productos letales sino dosis letales. Este aforismo tan al uso en temas de contaminación es perfectamente extrapolable al [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No hay productos letales sino dosis letales. Este aforismo tan al uso en temas de contaminación es perfectamente extrapolable al turismo. Y en Canarias nos estamos pasando en la dosis. Mientras, voces locales siguen pidiendo más y más turismo para las islas. ¿Aumentar?, hasta dónde, hasta cuándo&#8230;</p>
<p>Hace ya demasiado tiempo que se vienen denunciando los inequívocos síntomas de deterioro ambiental provocados por el turismo; demandas de poner freno a la sobresaturación de un «producto» que, sin ser malo en si mismo, puede causar nuestra ruina a la vez que la suya propia. Apelaciones a la cautela y a la mesura. Apelaciones sin eco.</p>
<p>Estos días se hablará en Lanzarote de turismo sostenible. Estos días se hablará de falacias, al menos para Canarias. Puede que el Hierro y La Palma estén aún en condiciones de aprovechar tan sensatos conceptos. Pero ¿qué va a pasar con las demás islas donde la rosca ya está loca de tantas vueltas que le ha dado el turismo? Ya cayó la costa, ahora le toca al interior.</p>
<p>Después no habrá después.</p>
<p>Cuando alguien vende los encantos de su cuerpo a un tercero por dinero, se habla de prostitución. Pues yo denuncio a nuestras islas putas y con ello -allí donde estén- a los alcahuetes y meretrices que llenan sus bolsillos a costa de la explotación inmisericorde de la naturaleza canaria, de su suelo, de sus especies y de las señas de identidad de una sociedad isleñas acuñadas a los largo de muchos años de feliz y penosa historia.</p>
<p>¡Basta ya de llenar las islas de pueblos de plástico! ¡Basta ya de plagar el paisaje con letreros en lenguas extranjeras! ¡Basta ya de vender las islas! Y no confundamos la hospitalidad y el servicio con el servilismo, vasallo de la indignidad de un pueblo.</p>
<p>No más hipocresía.</p>
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		<title>ECONOMÍA: EUROPA Y CANARIAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Antonio Machado]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Dec 1991 08:02:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[x-original]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Acabo de asistir en Sitges a unas jornadas sobre Las regiones mediterráneas en una Europa sin fronteras (28-30 de noviembre [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de asistir en Sitges a unas jornadas sobre <em>Las regiones mediterráneas en una Europa sin fronteras</em> (28-30 de noviembre de 1991).  Las jornadas fueron intensas, densas y útiles para palpar el interés despertado por el surgimiento del llamado ”arco mediterráneo” o “arco latino” y sus perspectivas económicas en el marco de la CEE. No soy economista, y precisamente por ello, me gustaría dejar constancia de las impresiones y de algunas ideas que las jornadas me han sugerido.</p>
<p>El conjunto de las ponencias fueron quizás excesivamente «economicistas» y con un sesgo tal vez académico, más enmarca­das en el ejerci­cio analítico y especulativo, que en el com­promiso propositi­vo formal (hubo excep­ciones). Por más, la Economía, tal cual allí se manifestó, se me antoja como una «ciencia laminar» capaz de encontrar la congruencia e interre­laciones perfectamente or­questadas en un estrato o capa, dejando completamente al margen los demás aspectos de la realidad. Es como quien anali­za la rela­ción del fuego con el calor, el humo y la luz que despide; explica y predice cómo funciona el sistema, pero no entra en quién puso la leña y porqué le prendió fuego. Lo que en muchos análisis económicos se toma como origen o causa de lo que luego se estudia e interpreta, es en realidad el efecto de otras causas previas, generalmente de otra cualidad, y en las que a menudo radica el <em>quid</em> del sistema. Esta capaci­dad de integrar y hacer encajar todo en una lógica —economé­trica las más de las veces— tras simplificar excesivamente los parámetros involucrados, conduce a errores de fondo. Lo que no es más que una <u>lectura </u>«estrati­gráfica y limitada de la reali­dad, se llega a interpretar como la esencia misma de ella, y se decide en consecuen­cia.</p>
<p>Toda cultura, evento o modelo social tiene una lectura económica. Lo malo, a mi ver, es que de tanto practicarla, Occidente ha cambiado las ternas y convertido a la Economía en la propia razón de ser; en una cultura en sí misma.</p>
<p>Esta filosofía desviada quedó reflejada en las jorna­das. En sus exposiciones, los representantes comunitarios conside­ra­ron solo los modelos tendenciales de la economía europea; es decir, aquéllos que se ven favorecidos por la mayor efi­ciencia monetaria (hay algo de razón en hablar de la Europa de los mercaderes). Para salir de los desequili­brios existentes lo que nos sugieren es favorecer y promover más los mecanismos que más producen y así ellos, por arrastre, se encargarán de levantar la situa­ción de los sectores o territorios hoy menos favorecidos. En resumen, más infra­estructuras <em>hard</em> y un fuerte impulso político hacia la derecha clásica. Además, el análi­sis resultó excesiva­mente endogámico. No se consideraron, por ejem­plo, cuáles eran los escena­rios en el entorno extra-euro­peo, ni si la política de continuar impulsando la maquina­ria pro­ducti­vis­ta-consumista se puede mantener por mucho tiempo, aun a pesar de la situa­ción de privilegio que viven los países euro­peos.</p>
<p>El tema ambiental surgió en los discursos programáticos como algo siempre muy importante, pero luego nunca se incorpo­ró a los parámetros empleados. Lo único interesante fue detectar y reconocer un componente territorial en la política industrial. ¡A buenas horas! En general, el medio ambiente fue pura boquilla o, simplemente, falta de datos o ignorancia sobre como incorporarlo a sus formulaciones. Sirvan de muestra dos ejemplos:</p>
<p>Una profesora catalana planteó la conveniencia de promo­cionar los «sistemas locales de empresas» (=conjunto de Pymes semi­coordinadas) pues se había demostrado que eran competitivas respecto de las grandes empresas porque explota­ban mejor ciertas deseconomías. Sin embargo, no se percató de que tales deseconomías pudieran ser precisamente las ambienta­les. En los tratamientos anticontaminación también existe un factor de escala que hace viable la aplicación de estas medi­das. En otras palabras, podría darse con facilidad el caso de sistemas locales de empresas que individualmente no rebasasen los requisitos ambientales, pero que, en su conjunto, fuesen del todo conta­minantes e indeseables. La mayor competitividad a que aludía la ponente radicaría con seguridad en el ahorro de medidas anticontaminantes a costa del sector público.</p>
<p>El problema de las migraciones externas e internas en la CEE se abordó desde la óptica exclusivamente laboral: exceso y demanda de oferta de trabajo y las demás reglas que, teórica­mente, operan en este contexto. Se pasó por alto el hecho de que muchos traslados de familia están teniendo lugar debido a factores estrictamente ambientales (1/3 en los EEUU) y que una mejor calidad ambiental es aceptada ya por muchas personas como valor añadido a su salario. Tampoco percibí preocupación alguna por la fragilidad eco-social europea, que crece a medida que aumenta la probabilidad de que se produzcan catás­trofes ambientales que originarían migraciones disruptivas de consecuencias impredecibles.</p>
<p>¿Y Canarias?</p>
<p>El panorama que nos presentaron del futuro desarrollo de Europa no es muy halagüeño para Canarias. Cierto es que los escenarios discuti­dos fueron solo los tendenciales y que todavía hay muchas incertidumbres en el horizonte (Maastrich, Conferencia de Río, guerra civil soviética, etc) como para admitir que éstos sean los más probables.</p>
<p>Aun así, se aceptó que Europa (CEE) va a seguir más o menos por los derroteros ya señalados, y éstos apuntan hacia la conso­lidación del eje de desarrollo Liverpool-Munich, y a lo sumo, a la aparición de un nuevo eje centrado en Milán-Toulou­se-Barcelo­na. La mayoría de las ponencias se centraron en discu­tir el largo (¿Sevilla?, ¿Roma?) y ancho (¿Madrid?) de este «arco latino», y por más que señalaron repetidas veces a la <u>cultura</u> como la infraestructura principal en todo sistema de despegue económi­co, todas las propuestas hechas convergie­ron sobre infraes­tructu­ras «físicas»; carreteras y ferrocarril básica­mente (y también algo las comunicaciones).</p>
<p>Canarias está en una situación ultra-periférica. Creo que sería una política absurda intentar meternos en el corazón de la campana de Gauss europea. Por mucho que se acorten las distan­cias entre los diferentes miembros europeos, nuestra ubicación de «cola de Gauss» no hay quien nos la quite. Sería un error estratégico plantearnos una integración estilo «Ba­leares en la Europa del año 2000». Me parece prefe­rible abor­dar una incorporación <em>sui generis,</em> algo así como «Canarias, con la Europa del año 2000»; hacer uso precisa­mente de la condi­ción de ultrape­riferia y especia­lizarnos en esta cuali­dad. Sacar provecho de las singularida­des reales y abun­dar en ellas en el seno de una Europa que se autodefine, como de la Europa de las regiones y la diversidad.</p>
<p>Siempre he entendido a Europa como una singular inercia histórica y como norte cultural a los que no debemos renun­ciar. Las nuevas tecno­logías en materia de comuni­caciones pueden cierta­mente acercar las islas a la dinámica europea, pero pensar en una integra­ción en las redes económi­cas de Europa parece una fala­cia. Creo que es preferible adoptar una política de haus­to­rio.Los haustorios son unos tubos conectores que emiten algunas plantas y hongos parásitos y que «enchufan» a las células de las plantas huéspedes, obteniendo de ellas los elementos nutritivos necesarios para construir sus propios tejidos</p>
<p>Esta opción de «parasitismo inteligente» ha de practicar­se con cautelas para no dañar al huésped (cosa poco probable) o para herir las susceptibilidades. Permi­tiría construir con piezas externas el tejido propio acorde a nues­tra idiosincrasia, reforzando a la vez nuestras singulari­dades. Las estrategias parasitarias se pueden adoptar sin tener que se uno un parásito. En realidad, nuestra rela­ción sería a lo más semi-parasi­ta­ria o simbiótica, por cuanto Canarias es parte de Europa (=derecho a enchufar el haustorio) y no puede ser vista como un organismo extraño. A cambio, ahí queda nues­tra posición de avance europeo en el Atlántico, centro vaca­cional con estándares comunitarios, etc.</p>
<p>Tal planteamiento no es del todo descabellado y, de hecho, en alguna reunión comunitaria sobre la que nos hablaron en la mesa redonda final, se barajaron otros escenarios además del tendencial. Uno de ellos, alternativo, consistiría en el funcionamiento de dos polos adicionales o focos de desarrollo como puentes hacia las zonas que han quedado colgadas: uno para el sur (polo en Sevilla) y otro para el norte (polo en ¿Moscú?). Este esquema no cambiaría mucho la actual situación de Canarias.</p>
<p>Otra pro­pues­ta, las más interesante, fue el «modelo de la di­versi­dad»: una Europa con multitud de puntos de desa­rro­llo pequeños y hete­rogéneos, que sería sin duda más sus­tentable cultu­ralmente y quizás también ecológicamente. Es el modelo más utópico, pero Canarias debería apoyarlo pues es el que más converge con los intereses globales de regiones archi­pelágicas diferenciadas y distanciadas.</p>
<p>Santa Cruz de Tenerife, 5 diciembre 1991</p>
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